Mercurio al amanecer: la Luna lo señaló el 11 de agosto

Este evento ya ha pasado. Dónde está Mercurio esta noche: guía de planetas

La madrugada del martes 11 de agosto fue una de las pocas del año en que Mercurio se dejó ver desde España a simple vista, y encima vino con guía. Una Luna menguante finísima, con el 3,4 % del disco iluminado, estaba colocada casi en la vertical exacta del planeta, cuatro grados y pico por encima.

El momento bueno desde Madrid fueron las 6:52 de la mañana, hora peninsular. A esa hora Mercurio estaba a 8,6 grados de altura sobre el este-noreste, y quedaba media hora escasa antes de que el amanecer se lo llevara.

Por qué Mercurio es el planeta que casi nadie ha visto

Mercurio es el planeta más cercano al Sol, y desde aquí eso se traduce en una condena: nunca se separa mucho de él en el cielo. En esta aparición su alejamiento máximo fue de 19,5 grados y ocurrió el 2 de agosto, según JPL Horizons, el servicio de efemérides del Jet Propulsion Laboratory de la NASA. El día 11 esa distancia ya había bajado a 16 grados.

Traducido a reloj: Mercurio no sale nunca de noche cerrada. Asoma con el cielo ya clareando y se disuelve en la claridad. Quien no lo ha visto nunca no es porque tenga mala vista, sino porque no ha coincidido la ocasión con la hora. Por eso esa madrugada valió la pena: no hacía falta saber buscarlo, porque la Luna hacía de flecha.

¿A qué hora y hacia dónde había que mirar?

Al este-noreste, azimut 71 grados, y muy bajo. Estos fueron los tres momentos que importaron en Madrid, calculados con las efemérides DE421 del JPL y contrastados uno a uno contra JPL Horizons:

Hora peninsular Qué ocurre Altura de Mercurio Altura de la Luna Separación
6:16 El Sol está 12 grados bajo el horizonte 2,4° 7,0° 4,6°
6:52 El Sol a 6 grados: empieza el crepúsculo civil 8,6° 13,0° 4,4°
7:22 Sale el Sol 14,0° 18,1° 4,2°

La ventana real fue la franja de en medio. A las 6:16 Mercurio estaba a dos grados y pico, metido en la bruma del horizonte, donde no había nada que hacer. A las 6:40 ya pasaba de seis grados y el cielo todavía aguantaba oscuro; a las 7:00 estaba a diez grados. Esos veinte minutos fueron el mejor rato.

El dato más útil no está en la tabla: la Luna y Mercurio tenían casi el mismo azimut, 0,08 grados de diferencia a las 6:52 y menos de 0,34 en toda la ventana. La Luna estaba justo encima. Había que localizar la rodaja lunar, fácil de ver, y bajar en línea recta: el punto brillante de debajo era Mercurio. Para calcular la distancia a ojo, la Luna medía 33 minutos de arco de ancho: la separación entre las dos equivalía a ocho lunas puestas en fila.

Cómo se vio desde España

Lo primero era el sitio, y mandaba más que el instrumento. Con Mercurio a 8 grados, un edificio o una loma a media distancia tapaban el planeta entero. Hacía falta horizonte este despejado de verdad.

A simple vista bastaba. Mercurio brilló a magnitud -0,87 esa mañana, según JPL Horizons, que es brillo de sobra. El problema nunca es el brillo de Mercurio, es el fondo: un punto sin parpadeo sobre un cielo que ya azulea cuesta de pescar. Unos prismáticos corrientes, de 8×40 o 10×50, lo resolvían en cuanto los apoyabas en la Luna y bajabas.

Con telescopio se ve otra cosa: esa madrugada Mercurio mostraba el 71 % de su disco iluminado, una fase parecida a la de una Luna gibosa en miniatura. Pero era un disco de seis segundos de arco a ocho grados de altura, con toda la atmósfera de por medio: no había detalles que esperar. El planeta de la foto de arriba, con sus cuencas y sus cráteres, tiene 4.880 kilómetros de diámetro y lo retrató la sonda MESSENGER desde su órbita. Desde un descampado de Madrid, Mercurio es un punto.

Nunca apuntes hacia el Sol ni cerca de él

Esto no es un formalismo, y aquí importa más que de costumbre porque el objetivo estaba a solo 16 grados del Sol.

El Sol salió en Madrid a las 7:22. A partir de ese momento, y también en los minutos previos, no se levantan unos prismáticos ni un telescopio hacia esa parte del cielo bajo ningún concepto: la luz solar concentrada por una óptica quema la retina en un instante y sin dolor que avise. Regla práctica de aquella mañana: guardar el instrumento antes de las 7:10 y no volver a sacarlo.

¿Y desde Canarias?

Un poco mejor. En Tenerife el Sol llegó a 6 grados bajo el horizonte a las 7:07 hora canaria, y en ese instante Mercurio estaba más alto que en Madrid: 9,8 grados, hacia el azimut 73. La Luna quedaba algo más cerca, a 3,8 grados.

Ojo: la cifra del catálogo no era la que se veía

Este encuentro circuló con un número que no era el que se veía. Las listas de conjunciones dan para el 11 de agosto una separación de 2 grados y 5 minutos de arco, menos de la mitad de los 4,4 grados de la tabla. Las dos cifras son correctas y miden cosas distintas.

La cifra de conjunción se calcula para un instante muy concreto, aquel en que los dos cuerpos tienen la misma ascensión recta, y para un observador imaginario situado en el centro de la Tierra. Ese instante fue el 11 de agosto a las 14:48, hora peninsular: media tarde. La pareja estaba entonces muy alta sobre España, a más de 61 grados, pero con el Sol en el cielo. No había nada que mirar.

Cuando tú mirabas, ocho horas antes, la Luna aún no había llegado a ese punto y le quedaba camino por recorrer hacia Mercurio. Medida a esa hora, y todavía desde el centro de la Tierra, la separación era de 5,4 grados.

Y falta el punto de vista. Tú no observas desde el centro de la Tierra sino desde la superficie, y la Luna está tan cerca que ese desplazamiento cambia su posición aparente casi un grado, mientras que a Mercurio no le mueve ni dos centésimas. Esta vez jugó a favor y acercó la pareja: de los 5,4 grados geocéntricos a los 4,4 que se vieron desde Madrid.

Y al día siguiente, todo lo demás

Merecía la pena mirar la Luna esa madrugada por lo que era en sí: la última rodaja antes de desaparecer. El Instituto Geográfico Nacional sitúa la Luna nueva el 12 de agosto a las 19h 36m (19:37 en nuestro cálculo), algo más de treinta y seis horas después, en su Agenda Astronómica de 2026. Y no es una coincidencia cualquiera: es la Luna nueva del eclipse total de Sol del 12 de agosto. Quien madrugó el martes para cazar Mercurio ya tenía localizado el sitio con horizonte despejado que necesitaba el miércoles, aunque entonces mirando al otro lado.

Después, Mercurio se fue: el día 15 su altura al crepúsculo civil ya bajaba a 6 grados. Lo que venga lo contamos en la guía del cielo de septiembre, y el resto de efemérides del año van saliendo en el cielo del mes.