Prismáticos para astronomía: cuál elegir según lo que miras

La caja de unos prismáticos lleva dos números y entre esos dos está casi toda la decisión. En un 10×50, el 10 son los aumentos y el 50, los milímetros que mide cada lente delantera. Si vas a observar a pulso, la respuesta corta es un 10×50; si vas a poner trípode, un 15×70 abre otro cielo y pesa casi el doble. El resto de esta guía es el porqué, y qué mirar en la ficha antes de pagar.

Conviene decir de entrada lo que ordena todo lo demás: aquí no hemos probado ningún prismático. Cada cifra sale de una de estas tres cosas: lo que publica el fabricante en su ficha o en su manual, con fecha y enlace; un artículo científico revisado por pares; o una cuenta nuestra, explicada al final. Lo que no se puede señalar en una de las tres no está en este artículo.

¿Qué significan 7×50, 10×50 o 15×70?

El primer número son los aumentos: cuántas veces se agranda el ángulo con el que ves las cosas. El segundo es el diámetro del objetivo en milímetros, la lente que mira al cielo, y es el que manda sobre la luz que entra.

Ese segundo número engaña, porque la luz que recoge un objetivo crece con su superficie y no con su diámetro. Hecha la cuenta: un objetivo de 70 mm recoge el doble de luz que uno de 50, y uno de 80 recoge 2,6 veces más. Entre un 50 y un 70 no hay un 40 % de diferencia, hay el doble.

Los aumentos, en cambio, no regalan nada. Amplían por igual la imagen y el temblor de tus manos: a 15 aumentos, un pulso que se mueve un minuto de arco mueve la imagen quince minutos de arco. Por eso los aumentos altos y el trípode viajan juntos.

La pupila de salida: el número que decide y no viene en la caja

Divide la apertura entre los aumentos y tienes la pupila de salida, el diámetro en milímetros del cilindro de luz que sale de cada ocular hacia tu ojo. Es el número que casi nadie mira y el que separa un instrumento que te sirve de uno que desperdicia parte de su objetivo.

Las cuatro fichas de Celestron que hemos consultado, empezando por la del Cometron 7×50, dan 7,1 mm en el 7×50, 5,0 mm en el 10×50, 4,7 mm en el 15×70 y 4,0 mm en el 20×80, que es exactamente lo que sale de dividir. Esa es la mitad de la historia. La otra mitad es tu pupila.

El ojo humano abre y cierra el diafragma entre unos 2 y 8 mm según haya mucha o poca luz, y la pupila media se encoge con la edad. Lo mide un trabajo publicado en 2024 en Royal Society Open Science con 83 personas de 18 a 87 años, aparato de seguimiento ocular incluido, dentro y fuera de casa.

El dato que nos interesa es el de su condición a oscuras: la pupila adaptada a la oscuridad se reduce 0,41 mm por cada década de edad (intervalo de confianza del 95 %: entre 0,28 y 0,54 mm), partiendo de un ajuste de 8,13 mm. Aplicando ese ajuste, la pupila media queda en unos 7,3 mm a los 20 años y unos 5,7 mm a los 60.

Ahí está la consecuencia práctica, y es la que nadie cuenta en las tiendas: los 7,1 mm de pupila de salida de un 7×50 solo entran enteros en un ojo joven y bien adaptado a la oscuridad. Pasada cierta edad, parte de ese cilindro de luz se estrella contra el iris y el objetivo de 50 mm trabaja como si fuera más pequeño. Un 10×50, con sus 5 mm, no desperdicia nada: ese mismo ajuste no baja de 5 mm hasta pasados los 77 años.

Un matiz honesto antes de seguir: ese estudio midió la pupila en la vida diaria y tras diez minutos de oscuridad en laboratorio, no a observadores bajo un cielo negro después de una hora al raso. La tendencia con la edad es sólida y la dispersión entre personas es grande: sirve para elegir, no para calcular tu ojo.

¿Y por menos de 100 euros?

Aquí no vas a encontrar una lista de precios de tienda, y es una decisión deliberada: los precios cambian cada semana y este artículo pretende seguir siendo cierto dentro de dos años. Lo que sí se puede fechar es lo que cobra el propio fabricante.

En la tienda española de Bresser, consultada el 17 de agosto de 2026 (esta es la ficha del Spezial Astro 20×80), los modelos que la marca vende como astronómicos están en 159,90 € el Spezial Astro 20×80, 239 € el Astro Marine SF 10×50 y 315 € el Spezial Astro SF 15×70. Esa es la referencia: lo más barato que esa marca vende como astronómico cuesta 159,90 €.

Por debajo de 100 € no hay ficha de fabricante que podamos citar, así que en vez de precios va la lista de lo que hay que exigir en cualquier ficha, que es corta:

  • Objetivo de 50 mm y prismas de porro, los del cuerpo ancho con forma de zeta, no el tubo recto. Celestron lo explica en su propia guía de prismas: el porro «no arriesga dispersión de los rayos de luz» al doblar el camino óptico, mientras que el de techo necesita tratamientos añadidos, como el de fase, para compensar ese riesgo. En el tramo barato eso pesa: el porro da sin extras lo que el otro consigue con ellos.
  • El campo de visión en grados, no solo en metros a mil metros. Si no lo publican, mala señal.
  • El tipo de cristal de los prismas. Es el dato que separa las gamas dentro de un mismo catálogo: los dos SkyMaster llevan BaK-4 y los dos modelos pequeños de Celestron, BK7; los tres prismáticos astronómicos de Bresser que hemos consultado, BaK-4.
  • Rosca de trípode. Cuesta cero y decide si algún día puedes subir de aumentos.

Cuatro fichas, una al lado de otra

Estas son las cifras que publica Celestron de cuatro modelos que cubren los tres casos de uso habituales. No es un ranking: es la misma tabla que tú puedes leer en sus fichas, puesta en fila para poder compararla.

Modelo Aumentos Objetivo Pupila de salida Campo Peso Alivio ocular
Cometron 7×50 7x 50 mm 7,1 mm 6,6° 774 g 13 mm
UpClose G2 10×50 10x 50 mm 5,0 mm 6,8° 765 g 12 mm
SkyMaster 15×70 15x 70 mm 4,7 mm 4,4° 1.361 g 18 mm
SkyMaster 20×80 20x 80 mm 4,0 mm 3,7° 2.126 g 18 mm

Cifras de las fichas de producto de Celestron, consultadas el 17 de agosto de 2026. Los cuatro modelos llevan rosca de trípode.

Hay un detalle en esa tabla que conviene mirar dos veces, porque desmonta una regla que se repite mucho: el 10×50 tiene más campo que el 7×50 (6,8° contra 6,6°) pese a tener más aumentos. Más aumentos no implican automáticamente menos cielo a la vista, porque el campo lo fija también el diseño del ocular. Es una razón para leer la ficha en vez de deducirla.

El peso, que es lo que vas a sostener con los brazos

Entre el 10×50 y el 20×80 de la tabla hay 2,8 veces de diferencia de peso: 765 gramos contra 2.126. El primero se cuelga del cuello y se olvida; el segundo son más de dos kilos apuntando hacia arriba, y ahí el cuello y los hombros se hacen notar enseguida.

El propio fabricante lo dice sin rodeos en el manual de la serie SkyMaster: montar los prismáticos en un trípode «aporta estabilidad y comodidad, sobre todo al observar a muchos aumentos» (traducción nuestra del manual original en inglés). Los cuatro modelos de la tabla traen la rosca preparada.

De ahí sale la regla práctica de esta casa, que es criterio nuestro y no dato de nadie: con 10 aumentos y menos de un kilo se observa a pulso; de 15 aumentos en adelante hace falta apoyo, sea un trípode, una tumbona o un antebrazo sobre el techo del coche. No es cuestión de fuerza, es que el temblor se multiplica por los mismos quince que la imagen.

¿Cuánto cielo cabe dentro?

Los grados de campo dicen poco hasta que se convierten en algo que has visto. La regla natural es la Luna: mide alrededor de medio grado de ancho (31,0 minutos de arco de media, según nuestro cálculo con la efeméride DE421 del JPL para el mes que va del 17 de agosto al 16 de septiembre de 2026, en el que va de 29,5 a 32,4: la Luna se ve más grande cuando pasa cerca y más pequeña cuando pasa lejos).

Con esa vara de medir, los campos de la tabla se entienden solos: en el 7×50 y en el 10×50 caben unas 13 lunas llenas en fila; en el 15×70, 9; en el 20×80, 7. Esa es la diferencia entre barrer el cielo buscando algo y tener que saber ya dónde estás apuntando.

Diámetro de la Luna calculado con Skyfield (efeméride DE421 del JPL) desde Madrid, topocéntrico y sin corregir por refracción atmosférica. Cómo calculamos.

Sobre lo que se llega a ver, Celestron publica en sus fichas una magnitud estelar límite «en condiciones ideales» de 10,99 con los objetivos de 50 mm, 11,73 con el de 70 y 12,02 con el de 80. Son cifras del fabricante y para un cielo ideal: desde un balcón de ciudad quedarás muy lejos de ellas, y esa distancia la pone la contaminación lumínica, no el instrumento.

Gafas, dioptrías y las dos cosas que casi nadie ajusta

Dos ajustes deciden si la imagen es nítida, y los dos vienen explicados en el manual del fabricante. El primero es la distancia entre los oculares: hay que abrir o cerrar el cuerpo hasta ver un solo círculo con los dos ojos, porque la separación entre pupilas cambia de una persona a otra.

El segundo es el ajuste de dioptrías, que compensa que tus dos ojos no ven igual: se enfoca primero el izquierdo con la rueda central y el ojo derecho cerrado, y después el derecho girando solo su ocular. Hecho una vez, se anota la posición y ya no se toca.

Si llevas gafas, la columna que importa es el alivio ocular, la distancia a la que tu ojo puede estar del ocular sin perder campo. En la tabla, los dos SkyMaster dan 18 mm y los dos modelos pequeños, 12 y 13 mm. Y las copas de goma van plegadas hacia abajo cuando se observa con gafas puestas.

Con esto no se ve todo (y está bien)

Unos prismáticos son el paso entre el ojo desnudo y el telescopio, no un telescopio pequeño. La cuenta lo deja claro: Saturno se mueve entre 15,8 y 20,6 segundos de arco vistos desde la Tierra en el lustro que viene, según nuestro cálculo, así que a 10 aumentos su disco llega a verse como 3,4 minutos de arco: nueve veces menos de lo que mide la Luna a simple vista. Júpiter, que es mayor, no pasa de 7,8 minutos de arco a esos mismos aumentos. Para detalle planetario hacen falta aumentos que aquí no hay.

Lo que un prismático hace mejor que cualquier telescopio es justo lo contrario: campo ancho, mucha luz y las dos manos.

Ahí es donde se aprovechan de verdad: barrer la Vía Láctea, seguir a la Luna día a día, encontrar un cometa, mirar cúmulos abiertos. Y hay un caso en el que sobran del todo: en una noche de Perseidas conviene mirar a ojo desnudo, porque los meteoros cruzan medio cielo y cualquier instrumento te deja fuera casi todo.

Para decidir qué apuntar cada noche están nuestras guías mensuales del cielo, y si lo que quieres saber es si esta noche vas a tener nubes, lo dice la previsión de observación de tu localidad. Y si dudas entre seguir con prismáticos o dar el salto al telescopio, el simulador de telescopio te enseña el encuadre que ganarías.

Nunca hacia el Sol

Esto no es una fórmula legal, es la única línea de este artículo que puede costarte la vista. Las cuatro fichas de Celestron llevan el mismo aviso: «nunca mire directamente al Sol a simple vista ni con este instrumento; puede producirse un daño ocular permanente e irreversible» (traducción nuestra del aviso original).

Importa porque hay dos situaciones en las que la gente coge los prismáticos y el Sol anda cerca: el amanecer, cuando se buscan planetas bajos, y un eclipse. Un prismático concentra en tu retina toda la luz de su objetivo. Para el eclipse total del 2 de agosto de 2027, que sí cruzará España, la regla es la misma que para cualquier otro día: filtro solar homologado delante del objetivo, o los prismáticos en la funda.

Entonces, ¿cuál compro?

Resumido en tres frases, que es lo que casi todo el mundo viene buscando:

  • Vas a empezar y quieres una sola cosa que valga para todo: un 10×50. Se sujeta a pulso, cabe en una mochila, aprovecha entera su pupila de salida hasta bien pasados los 70 y con 6,8° de campo se encuentran las cosas.
  • Observas desde cielo oscuro y eres joven: un 7×50 concentra la misma luz en menos aumentos, y Celestron cifra su brillo relativo en 50,41 frente a los 25 del 10×50. La condición es tener la pupila que pide: el ajuste del estudio citado da 7,1 mm hacia los 25 años, y hasta esa edad ese brillo extra se aprovecha entero.
  • Ya sabes que vas a usar trípode: un 15×70. El doble de luz que un 50, todavía transportable a 1.361 gramos, y una magnitud límite que el fabricante sitúa en 11,73 frente a los 10,99 de los objetivos de 50 mm. El 20×80, con sus 2.126 gramos, ya es un instrumento de jardín propio.

Y una cuarta idea para quien lo esté dudando: unos prismáticos de 50 mm no se quedan obsoletos el día que llegue un telescopio, porque hacen otra cosa distinta: el campo ancho y las dos manos siguen siendo suyos.

Cómo hemos hecho esta guía

Las especificaciones proceden de las fichas de producto de Celestron y de la tienda española de Bresser, consultadas el 17 de agosto de 2026, y del manual de la serie SkyMaster. Los datos de la pupila humana, del artículo de Royal Society Open Science citado más arriba. Los diámetros aparentes de la Luna, de Júpiter y de Saturno los hemos calculado nosotros con Skyfield y la efeméride DE421 del JPL.

No hemos medido ópticas ni comparado instrumentos en el campo, y por eso esta guía no dice cuál es mejor: dice qué significan las cifras que el fabricante publica y qué consecuencias tienen para lo que quieres mirar. Cuando un enlace sea de afiliado, lo será en los términos que explica nuestra página de metodología, y el precio para ti no cambia.