Fobos: su brillo encaja con el de los asteroides primitivos

Fobos, la mayor de las dos lunas de Marte, fue descubierto el 17 de agosto de 1877 y sigue sin partida de nacimiento. Un trabajo aceptado en Astronomy & Astrophysics ha medido con el instrumento OMEGA de la sonda europea Mars Express cuánta luz infrarroja devuelve cada una de las tres regiones de su superficie frente a la que devuelve en luz visible, y ha puesto esos números al lado de los de los asteroides oscuros de cuatro familias distintas. Las tres regiones caen dentro del rango que ocupan esas poblaciones primitivas. Eso hace a Fobos compatible con un asteroide capturado por Marte; no demuestra que lo sea, y sus autores lo escriben con todas las letras.

El trabajo lo firman T. J. Dyer y siete colaboradores del Observatoire de la Côte d’Azur, del INAF de Padua y de la Universidad de Leicester, y está disponible como preprint desde el 12 de agosto de 2026. Su pieza central es una tabla de siete filas.

¿Por qué nadie sabe de dónde salió Fobos?

Fobos mide 27 por 22 por 18 kilómetros, según la NASA: no es una bola, es un pedrusco irregular. Da tres vueltas a Marte cada día y pasa tan cerca de la superficie que desde algunos puntos del planeta no siempre se ve. Su rasgo más prominente es el cráter Stickney, de 9 kilómetros de diámetro. La NASA describe además una luna que estuvo cerca de quedar hecha pedazos por un impacto gigante y que está acribillada por otros miles.

Sobre su origen hay dos hipótesis y llevan décadas sin desempatar. La JAXA las resume así en la ficha de su misión: la del impacto gigante, según la cual las lunas se formaron después de que un cuerpo chocara contra Marte, y la de la captura, según la cual son asteroides del Sistema Solar exterior que la gravedad marciana atrapó al pasar.

La NASA no cierra el caso tampoco. Su ficha de Fobos dice que la luna «puede ser un asteroide capturado, pero algunos científicos muestran pruebas que contradicen esa teoría» (la traducción del inglés es mía). Y añade un detalle que empuja hacia el bando de los asteroides: Fobos y Deimos parecen estar hechos de roca de tipo C, parecida a la de los asteroides negruzcos de condrita carbonácea.

El problema es que mirar el color no basta. El espectro de Fobos, escribe el equipo de Dyer, es en general liso y con una pendiente ligeramente rojiza, sin bandas de absorción marcadas que permitan identificar un mineral concreto. Y ese comportamiento, siendo compatible con asteroides primitivos ricos en carbono, también lo pueden producir otras cosas: el envejecimiento de la superficie por la intemperie espacial, o materiales silicatados de grano fino asociados a los escombros de un impacto. Décadas de espectroscopia y el veredicto sigue sin salir.

El atajo: dividir el brillo infrarrojo entre el visible

Aquí entra el parámetro que da título al trabajo. El albedo es la fracción de luz que una superficie devuelve, y dividir el albedo infrarrojo entre el visible resume en un solo número cómo de rojo es un objeto en sentido amplio. El albedo visible mide el brillo hacia los 0,55 µm; el infrarrojo se toma de las bandas W1 y W2 del telescopio espacial WISE, centradas hacia los 3,4 y los 4,6 µm.

Es un atajo, no un espectro completo, y el propio trabajo lo advierte: comprime el comportamiento espectral y su interpretación física solo está caracterizada en parte.

Lo que hace útil el atajo es que ordena a los asteroides. Las clases primitivas de pendiente roja, los tipos D y T del cinturón principal y los troyanos de Júpiter, dan valores altos de ese cociente. Las poblaciones menos rojas, como buena parte del complejo C, se quedan abajo.

Lo que midió Mars Express

Los datos de Fobos salen de OMEGA (Observatoire pour la Minéralogie, l’Eau, les Glaces et l’Activité), el espectrómetro de imagen en visible e infrarrojo cercano que vuela a bordo de Mars Express, la sonda que la ESA lanzó el 2 de junio de 2003, que llegó a Marte en diciembre de ese año y que sigue operativa dos décadas después. Es la misma nave que nos dejó las dunas heladas del cráter Kaiser.

Su ventaja, explican los autores, es que cubre buena parte de la superficie de Fobos con un único instrumento bien caracterizado, sin mezclar errores de aparatos distintos. Las observaciones que usan se tomaron el 22 de agosto de 2004, desde unos 151,9 kilómetros de distancia, con una resolución de 171,1 metros por píxel.

Sobre esos espectros calculan el cociente entre la reflectancia en una banda visible de 0,50 a 0,60 µm y otra infrarroja de 3,1 a 3,8 µm, equivalente a la W1 de WISE. Antes hay que limpiar un estorbo: a la distancia del Sol a la que está Marte, por encima de 2,5 µm lo que domina no es la luz reflejada sino el calor que emite la propia roca, y ese exceso térmico hay que estimarlo y restarlo.

Y hay tres Fobos, no uno. Las observaciones en visible e infrarrojo cercano vienen describiendo desde hace años tres unidades espectrales en su superficie: la Azul, la Transicional y la Roja. La Roja es la de pendiente más pronunciada y menor reflectancia en el visible; la Azul es notablemente más fresca y posiblemente exógena, es decir, traída de fuera.

Los números de Fobos, región por región

Esta es la tabla que ocupa el centro del trabajo. Cada fila es una región de interés elegida dentro de una de las tres unidades, y el valor es el cociente entre la reflectancia infrarroja sintética en la banda W1 y la visible en la banda V, ya corregido del enrojecimiento por ángulo de fase. Los márgenes son de 1σ.

Cociente entre reflectancia infrarroja y visible en las tres unidades de Fobos, según Dyer et al. 2026 (tabla 1 del trabajo).
Región Unidad Cociente infrarrojo / visible
RU1 Roja 2,90 ± 0,05
RU2 Roja 3,00 ± 0,03
RU3 Roja 3,12 ± 0,07
TU1 Transicional 2,35 ± 0,05
TU2 Transicional 2,32 ± 0,04
BU1 Azul 1,85 ± 0,02
BU2 Azul 1,64 ± 0,03

La unidad Roja de Fobos da valores de 2,90 a 3,12; la Transicional, de 2,32 a 2,35; la Azul, de 1,64 a 1,85. Es una progresión limpia: del material azul al más rojo, pasando por el intermedio. Lo que había que averiguar es si esos tres escalones caen o no donde caen los asteroides primitivos.

Contra qué se comparan: asteroides oscuros de un catálogo público

Los asteroides salen del MP3C, el Minor Planet Physical Properties Catalogue, un catálogo que reúne y consolida en una sola base de datos las propiedades físicas de asteroides y planetas enanos publicadas por fuentes distintas, y que mantiene el Observatoire de la Côte d’Azur. Los albedos infrarrojos que hay ahí vienen todos del mismo sitio, la misión NEOWISE.

El filtro importa tanto como la muestra. Solo entran asteroides de albedo bajo, por debajo de 0,12, porque el terreno más brillante de Fobos tiene un albedo geométrico visible de apenas 0,08: comparar con asteroides mucho más claros no diría nada. Con ese corte quedan 780 objetos del complejo C, 794 del complejo X oscuro (los antes llamados tipo P) y 464 de la población T/D. Aparte se seleccionan los de tipo Z, 55 en total, de los que solo 32 tienen valor utilizable.

Cociente medio infrarrojo / visible por clase de asteroide, con el error estándar de la media, según Dyer et al. 2026.
Clase de asteroide Objetos usados Cociente medio
Complejo C 780 1,16 ± 0,02
Complejo X oscuro (tipo P) 794 1,47 ± 0,02
Tipo Z 32 2,12 ± 0,15
Tipos D y T 464 2,29 ± 0,03

El resultado, y exactamente lo que no dice

Las tres unidades de Fobos caen dentro de la distribución principal de los asteroides de tipo D y T, con las medidas de la unidad Azul hacia su lado de cocientes bajos. El complejo C se concentra por debajo de todas las medidas de Fobos, y solo su cola alta llega a solapar con las dos regiones azules. El complejo X oscuro llega algo más arriba, solapa también con las azules y roza con su cola la Transicional, pero las regiones rojas se le quedan por encima del extremo.

Los de tipo Z abarcan formalmente los valores de las tres unidades, pero el trabajo se encarga de desactivar esa lectura: los valores como los de Fobos existen entre los Z sin ser característicos de ellos, la muestra es de solo 32 objetos y su distribución es ancha e irregular, así que no deben tomarse como el análogo más representativo.

La comparación se completa con el albedo. Para las dos unidades con dato disponible, los autores toman valores ya establecidos en la literatura: un albedo visible del 8,37 % para el borde de Stickney, que corresponde a la unidad Azul, y del 6,57 % para su suelo, que corresponde a la Roja. De la Transicional no hay medida de albedo. Ni siquiera con esos dos números añadidos aparece una asociación única con una sola clase de asteroide.

Y aquí está la frase que ordena toda la pieza. Sobre el escenario de la captura, el equipo de Dyer escribe que «la correspondencia más fuerte con la población de tipo D/T no apoya, por tanto, de forma unívoca un origen por captura de un asteroide» (traduzco del inglés). Hace falta espectroscopia detallada, añaden, para saber si objetos con cocientes parecidos comparten además la forma del continuo, la curvatura del espectro y las bandas de absorción. Y dejan la puerta abierta a lo contrario: material marciano puede estar contribuyendo también a lo que se observa, sobre todo en la unidad Roja, sea directamente o en mezclas producidas en un escenario de formación por impacto.

Por qué «más rojo» no quiere decir «más viejo»

Existe la tentación de leer el gradiente de Fobos como un reloj: rojo igual a antiguo y curtido, azul igual a reciente. Estudios previos han interpretado así sus regiones rojas. Pero la relación entre enrojecimiento y madurez de una superficie no es directa, y los propios asteroides lo demuestran.

En Bennu, un asteroide de tipo B, el material más rojo se ha interpretado como una exposición relativamente fresca. Y en el asteroide de tipo T (596) Scheila se ha visto que el material expuesto por un impacto también puede presentar pendientes rojas. El rojo, por sí solo, no fecha nada.

Hay una pista adicional en el análisis complementario de los mismos datos de OMEGA: la unidad Azul presenta una banda de absorción estadísticamente significativa en 3,37 µm, compatible con material orgánico alifático y con la materia orgánica insoluble de las condritas carbonáceas CI y CM, mientras que la Roja no la tiene. Podría indicar que a la unidad Azul llegó más material carbonáceo de fuera.

Podría, pero también podría no. Los experimentos de irradiación en laboratorio muestran que el procesado energético reestructura y deshidrogena los materiales carbonáceos y debilita mucho esa banda en torno a 3,4 µm. Así que el contraste entre el azul y el rojo puede ser una diferencia de material o una diferencia de desgaste sobre materiales parecidos, y hoy, admiten los autores, esas dos posibilidades no se pueden separar sin ambigüedad.

La respuesta llegará en un bote de muestras

Quien va a desempatar esto ya tiene fecha de lanzamiento. La misión MMX (Martian Moons eXploration) de la JAXA se centrará en Fobos, observará su topografía, estructura interna, composición y gravedad, y traerá a la Tierra muestras de roca y arena. Es un proyecto internacional liderado por Japón con participación de NASA, CNES, DLR y ESA, y es el primer intento de la humanidad de resolver el asunto trayendo material a un laboratorio.

El calendario que publica la propia JAXA va así: lanzamiento en un cohete H3 desde el Centro Espacial de Tanegashima en el año fiscal japonés 2026, alrededor de un año de viaje y tres años en el entorno marciano desde 2027. Allí desplegará primero el rover IDEFIX para reconocer el terreno, tomará las muestras y observará también Deimos. En 2030 sale de vuelta y en el año fiscal 2031 la cápsula de reentrada debe recogerse en Australia.

El trabajo de Dyer señala además el instrumento que espera: las medidas entre 0,9 y 3,6 µm del espectrómetro MIRS a bordo de MMX serán esenciales para distinguir entre las posibilidades que su cociente deja abiertas. No es casualidad que el primer autor esté financiado por el CNES francés precisamente en el marco de esa misión.

¿Se puede ver Fobos desde España?

No, y no es cuestión de tener mejor telescopio: Fobos no es un objetivo de aficionado. Conviene decirlo con números, porque es una pregunta razonable cuando un titular habla de una luna de Marte.

Consultando el sistema de efemérides Horizons del JPL para la madrugada del 20 de agosto de 2026 desde Madrid, Fobos figura con una magnitud aparente de 14,1 y Marte con 1,2. Son casi 13 magnitudes de diferencia, es decir, unas 140.000 veces menos luz. Y todo eso ocurre pegado al planeta: siguiendo las posiciones de los dos durante una vuelta completa de Fobos alrededor de Marte, esa madrugada la luna nunca se separa del planeta más de 6,9 segundos de arco. Un punto 140.000 veces más débil a menos de siete segundos de arco de un foco: eso es lo que significa perderse en el resplandor.

Lo que sí se ve, y bien, es Marte. Está saliendo de madrugada por el este y va ganando altura según avanza el verano. Estas son sus alturas calculadas para el 20 de agosto de 2026, primero desde Madrid en hora peninsular:

Marte al amanecer desde Madrid, 20 de agosto de 2026.
Hora peninsular Altura de Marte Azimut El Sol está a
03:14 Sale Marte
04:00 6,9° 64,7° -32,1°
05:00 17,6° 73,6° -25,2°
05:49 26,7° 80,7° -18,1°
06:30 34,5° 86,8° -11,5°
07:30 Sale el Sol

Y desde Tenerife, en hora canaria:

Marte al amanecer desde Tenerife, 20 de agosto de 2026.
Hora canaria Altura de Marte Azimut El Sol está a
03:40 Sale Marte
04:00 3,3° 64,8° -41,3°
05:00 15,6° 71,1° -32,1°
06:15 31,5° 78,2° -18,2°
06:45 38,0° 80,9° -12,1°
07:38 Sale el Sol

Calculado con Skyfield (efeméride DE421 del JPL) para Madrid, en hora peninsular, y para Tenerife (28,29° N; 16,63° O), en hora canaria. Alturas sin corregir por refracción atmosférica. Cómo calculamos.

La fila que marca el final de la noche cerrada es la del Sol a 18 grados bajo el horizonte: las 05:49 en Madrid y las 06:15 en Tenerife. Hasta ahí el cielo está negro del todo, y Marte ya está a 26,7 grados sobre el horizonte en Madrid y a 31,5 en Tenerife. Después sigue subiendo, pero compitiendo contra un fondo que clarea.

A simple vista es un punto anaranjado que sale por el este-noreste y se va colocando casi justo al este según sube. No hace falta ningún instrumento para identificarlo. La escena mejora despacio: el 31 de agosto Marte llega a los 31,8 grados al final de la noche astronómica desde Madrid y a los 35,9 desde Tenerife. Si quiere el resto del cielo de estas semanas, está en la guía del cielo de agosto, y cada mes publicamos una nueva en el cielo del mes.

Qué queda en pie

Queda un resultado honesto y acotado: la superficie de Fobos, medida con este atajo, se comporta como las superficies de los asteroides primitivos, y de entre ellos se parece sobre todo a los tipos D y T. Queda también, escrito por los mismos autores, que ese parecido no elige ganador entre las dos hipótesis, porque el cociente no identifica composiciones de forma unívoca y puede estar reflejando desgaste, madurez o mezclas de material propio y ajeno.

Es lo que pasa con otros cuerpos primitivos que nos llegan con la etiqueta de antiguos y sin el certificado, como el cometa interestelar 3I/ATLAS: la medida acota, no zanja. Para zanjar hay que ir, y ya hay quien va a ir.