Cuadrántidas 2027: máximo el 4 de enero a las 4:34

Las Cuadrántidas de 2027 alcanzan su máximo el lunes 4 de enero a las 4:34 de la madrugada en la España peninsular (las 3:34 en Canarias). Es una noticia mejor de lo que parece: esta lluvia concentra casi todo lo bueno en unas pocas horas, y esta vez esas horas caen justo cuando el cielo español está oscuro, el radiante ya ha subido y la Luna todavía no ha salido.

Es justo lo contrario de lo que pasó en 2026, cuando el máximo cayó poco después de las diez de la noche: a esa hora el radiante todavía estaba a ras de horizonte desde Madrid, y encima había Luna llena. La noche que hay que apuntar es la del domingo 3 al lunes 4 de enero.

Las Cuadrántidas de 2027, de un vistazo

Dato Valor
Máximo 4 de enero de 2027, 4:34 (peninsular) · 3:34 (Canarias)
Mejor franja De 4:00 a 7:00 (peninsular) · de 3:30 a 6:30 (Canarias), madrugada del domingo 3 al lunes 4
Actividad máxima (ZHR) 80 meteoros por hora en condiciones ideales
Periodo de actividad Del 28 de diciembre al 12 de enero
Radiante Norte del Boyero, hacia el noreste antes del amanecer
Velocidad de entrada 41 km/s
Luna Menguante fina, 12 % iluminada, sale a las 6:05 (peninsular) · 5:19 (Canarias)
Qué hace falta Cielo oscuro y abrigo. Nada de prismáticos

¿Por qué la hora importa tanto en esta lluvia?

Porque el máximo de las Cuadrántidas dura poquísimo. La ficha del Instituto Geográfico Nacional lo resume en una frase: su periodo de máxima actividad «suele durar tan solo unas pocas horas». De ahí que sus meteoros se vean menos a menudo que los de las otras dos grandes del año, aunque la lluvia sea de las fuertes. Un trabajo de Abedin y sus colegas publicado en Icarus lo cuantifica en unas 12 a 14 horas de actividad alta, medidas con observación visual, fotográfica y de radar.

Compárelo con lo que ya conoce. En las Perseidas de agosto o en las Gemínidas de diciembre la ventana buena se cuenta por noches. Aquí se cuenta por horas: esas 12 a 14 de actividad alta son menos de un día entero, y en ellas la Tierra atraviesa la parte densa del enjambre, así que el hemisferio que tenga el cielo oscuro cuando ocurra se lo lleva casi todo y el resto del planeta ve una lluvia menor.

De ahí que la fecha por sí sola no sirva de nada y la hora lo sea todo. En 2027 el reparto nos favorece: cuando llega el máximo, a las 4:34 de la madrugada peninsular, todavía quedan casi dos horas y media de noche cerrada por delante.

Cómo verlas desde España

La noche buena es la del domingo 3 al lunes 4 de enero. Estas son las horas que manejamos, calculadas por nosotros para dos puntos de referencia:

Madrid Tenerife
Noche astronómica (Sol bajo −18°) 19:38 a 7:00 19:47 a 6:36
Instante del máximo 4:34 3:34
Altura del radiante en el máximo 37° 21°
El radiante pasa de 15° Hacia las 2:00 Hacia las 3:00
Altura del radiante a las 6:00 51° 45°
Sale la Luna 6:05 5:19

Calculado con Skyfield (efeméride DE421 del JPL) para Madrid (40,4168° N; 3,7038° O) y Tenerife (28,2916° N; 16,6291° O), en hora peninsular y canaria respectivamente. Alturas sin corregir por refracción. Cómo calculamos.

La lectura práctica de esa tabla es sencilla. Desde la península, de 4:00 a 7:00. En esa franja entran el instante del máximo y las horas en que el radiante está más alto, que son las dos cosas que suman. Desde Canarias el encaje es el mismo (el máximo también cae en noche cerrada y con el radiante ya subido), pero la franja va antes: de 3:30 a 6:30. Encajar no es rendir igual, y los números de las islas están más abajo.

Hay una trampa clásica en esta lluvia, y conviene decirla porque una media verdad muy repetida hace perder noches. Es cierto que a nuestra latitud el radiante no llega a ponerse: se queda rozando el horizonte hacia las diez de la noche y vuelve a subir. Pero un radiante a ras de suelo no sirve de nada, y esto también es aritmética: la cuenta esperada de meteoros baja con la altura del radiante, y con el radiante pegado al horizonte se queda en nada. Salir a las once de la noche a mirar las Cuadrántidas es coger frío y poco más. Esta lluvia se ve de madrugada o no se ve.

La Luna, este año, apenas estorba. En el instante del máximo es una Luna menguante fina, con el 12 % del disco iluminado, y encima todavía no ha salido: en Madrid asoma a las 6:05, cuando ya queda menos de una hora de noche cerrada. La Luna nueva llega tres días después, el 7 de enero.

Para observar no hace falta nada. Ni prismáticos ni telescopio: cualquier instrumento recorta el campo de visión, y aquí lo que se necesita es ver mucho cielo a la vez. Túmbese, mire hacia la zona más oscura del cielo (no hace falta apuntar al radiante, los meteoros cruzan por cualquier parte) y espere a que la vista se acostumbre a la oscuridad. Y abríguese más de lo que cree: son las cuatro de la mañana de un 4 de enero.

Si quiere afinar para su ciudad en vez de para Madrid, nuestra calculadora de lluvias y Luna le da la franja horaria buena desde donde usted vive. Y el resto del año está en el cielo del mes.

¿Se verán de verdad 80 meteoros por hora?

No, y conviene saberlo antes de salir para no volver decepcionado. Esos 80 son el ZHR que la Organización Meteórica Internacional (IMO) asigna a las Cuadrántidas en su lista de trabajo de lluvias visuales, y el ZHR es un número de laboratorio: los meteoros que vería un observador ideal, con un cielo perfecto de magnitud límite 6,5 y con el radiante justo en el cénit.

Ninguna de las tres condiciones se cumple en el campo, y la del radiante se puede poner en números. En el instante del máximo el radiante está a 37 grados sobre el horizonte en Madrid y a 21 en Tenerife, no en el cénit: esa inclinación sola, sin tocar nada más de la definición, rebaja la cuenta a unos 48 meteoros por hora en la península y a unos 29 en Canarias.

Y eso sigue siendo el cálculo del observador ideal bajo un cielo perfecto. El cielo real de casi cualquier sitio accesible en España resta bastante más, y cuánto depende de dónde se ponga usted. Por eso aquí no encontrará una cifra prometida de meteoros por hora: la parte que se puede calcular está calculada, y la que depende de su horizonte no la puede calcular nadie por usted.

Y luego está lo que ningún cálculo arregla: el tiempo. En enero, el cielo despejado en España se paga caro, y esa es la otra mitad de la explicación de que una lluvia tan fuerte tenga tan poca fama.

De dónde sale este polvo: un asteroide que no da la talla

Casi todas las lluvias vienen de un cometa que va soltando material cada vez que pasa cerca del Sol. Las Cuadrántidas, no: fueron durante décadas la única gran lluvia sin padre conocido, y el candidato que apareció en 2003 sigue sin cuadrar del todo. Su origen sigue siendo incierto, y el sospechoso es el asteroide 2003 EH1, que a su vez se relaciona con el cometa extinto C/1490 Y1 que anotaron astrónomos chinos, japoneses y coreanos hace unos quinientos años.

El problema es de contabilidad. Kasuga y Jewitt observaron 2003 EH1 con detalle y publicaron el resultado en The Astronomical Journal: un núcleo de 2,0 ± 0,2 km de radio, alargado, que gira sobre sí mismo cada 12,65 horas y en el que no se detecta nada de coma ni de pérdida de masa en curso. Su conclusión es que, aun manteniendo esa actividad durante toda la vida del enjambre, el asteroide no habría podido soltar la masa que el enjambre contiene. O el material vino de otro sitio, o 2003 EH1 tuvo episodios violentos que hoy no vemos.

Lo que sí parece claro es que todo esto es reciente. El grupo de Abedin data el núcleo estrecho de la corriente en 200 o 300 años, con el material expulsado entre 1700 y 1800, y la lluvia arrancó hacia 1835. En términos astronómicos, la corriente acaba de nacer.

¿Por qué se llaman así, si el radiante está en el Boyero?

Porque el nombre honra a una constelación que ya no existe. El punto del cielo del que parecen salir los meteoros cae dentro del Boyero, cerca de la cola de la Osa Mayor. Pero cuando la lluvia se bautizó, esa parcela pertenecía a Quadrans Muralis, el cuadrante mural, una constelación que el astrónomo francés Jérôme Lalande designó en 1795 y que la Unión Astronómica Internacional no reconoce.

La constelación desapareció de los mapas y el nombre de la lluvia se quedó, que es la razón de que el nombre no ayude a encontrarla en el cielo. Para eso sirve el Boyero.

Y una última cosa sobre la hora

Ese 4:34 es nuestro cálculo, no una promesa del universo. La IMO no ancla el máximo a un reloj sino a la posición de la Tierra en su órbita, que es un dato que no cambia de un año a otro, y la fecha concreta se deduce de ahí. Ese número viene con dos decimales, y ahí hay un margen: una diferencia de una centésima mueve el máximo un cuarto de hora. Y la propia IMO avisa de que su Tabla 5 es una lista de trabajo sujeta a revisión, con las fechas de máximo calculadas para 2026.

Traducido a lo que hay que hacer: no ponga el despertador a las 4:30 para asomarse cinco minutos. Póngalo a las cuatro y quédese hasta que claree.

De dónde salen estos datos

El ZHR de 80, el periodo de actividad, la velocidad de entrada, las coordenadas del radiante y la definición del propio ZHR salen de la lista de trabajo de lluvias visuales del calendario 2026 de la Organización Meteórica Internacional (tabla 5 y glosario). La IMO no ha publicado todavía el calendario de 2027: su web está en caída parcial mientras se recupera de un ciberataque, y ese es el motivo de que la fecha del máximo aquí sea cálculo propio y no una fila copiada.

El instante del máximo, las horas de noche astronómica, las alturas del radiante y los datos de la Luna son cálculo nuestro con Skyfield y la efeméride DE421 del JPL, partiendo de la longitud solar que publica la IMO y en el mismo sistema de referencia que ella declara. El resultado se ha contrastado con JPL Horizons, que sitúa el mismo instante con un minuto de diferencia. El método está descrito en nuestra página de metodología, que también declara las coordenadas exactas de los dos puntos de referencia.

La duración del máximo, la edad del núcleo de la corriente y las fechas de expulsión del material vienen de Abedin y colaboradores, «On the age and formation mechanism of the core of the Quadrantid meteoroid stream» (Icarus, 2015). El tamaño, la rotación y el balance de masa de 2003 EH1, de Kasuga y Jewitt, «Physical Observations of (196256) 2003 EH1» (The Astronomical Journal, 2015).

El origen incierto de la lluvia, su relación con el cometa C/1490 Y1, el origen del nombre y los consejos de observación a simple vista, de la ficha de las Cuadrántidas del Instituto Geográfico Nacional. La constelación en la que cae el radiante se ha comprobado además contra los límites oficiales de la Unión Astronómica Internacional.