Nueve años sin segundo bisiesto: la Tierra gira más rápido

El último segundo bisiesto entró en vigor el 1 de enero de 2017. Desde entonces no se ha añadido ninguno: nueve años y siete meses, a 30 de agosto de 2026. Es el hueco más largo desde que el sistema arrancó en 1972, y de ahí ha salido el titular de que la Tierra gira tan deprisa que pronto habrá que quitar un segundo en lugar de añadirlo.

Un estudio publicado el 26 de agosto de 2026 mide exactamente la parte de esa aceleración que le toca al núcleo terrestre. Y llega a la conclusión contraria: esa componente, por sí sola, no sostiene que el día vaya a seguir acortándose lo suficiente para exigir un segundo bisiesto negativo.

Lo firman siete investigadores del National Time Service Center de la Academia China de Ciencias, encabezados por Zewen Zhang, con Yuanwei Wu como autor de contacto. Está disponible en el repositorio arXiv y enviado a la revista Earth, Planets and Space.

¿Qué es un segundo bisiesto?

Hay dos formas de medir el tiempo y no coinciden. Una es el tiempo atómico, que no depende de nada más que de los relojes: es continuo y no se toca. La otra es UT1, la escala de tiempo basada en la rotación de la Tierra, es decir, la hora que marca el planeta al dar la vuelta sobre sí mismo.

El tiempo civil, UTC, es atómico en su ritmo pero está obligado a no separarse de la rotación terrestre. Cuando la diferencia entre ambos se acerca al límite tolerado, se inserta un segundo en UTC para volver a alinearlos. Eso es un segundo bisiesto.

El límite está en 0,9 segundos. Según recuerda la Resolución 4 de la 27ª Conferencia General de Pesas y Medidas, cuando el IERS predice que la diferencia (UT1 menos UTC) se va a acercar a ese valor se aplica un segundo bisiesto, según el procedimiento de la Recomendación ITU-R TF.460-6. Y solo hay dos fechas al año en las que puede aplicarse. Como recuerda el propio boletín del IERS, los segundos bisiestos pueden introducirse al final de junio o al final de diciembre.

Ese sistema lleva funcionando desde 1972. Según el estudio chino, en todo ese tiempo se han insertado 27 segundos bisiestos, todos positivos, con un intervalo medio de entre dos y tres años.

Conviene subrayar una cosa que suele perderse: el reloj civil sigue atado al cielo. El Boletín A del IERS del 27 de agosto de 2026 detalla de dónde salen sus números, y son observaciones astronómicas y geodésicas: interferometría de muy larga base (VLBI), telemetría láser sobre satélites (SLR), los satélites GPS, telemetría láser lunar (LLR) y predicciones meteorológicas del momento angular atmosférico.

Nueve años y siete meses: el recuento contra la tabla oficial

El dato del récord no está en el estudio ni en ninguna nota de prensa. Sale de contar las líneas de la tabla oficial de TAI menos UTC que publica el IERS, que registra cada cambio con su fecha de entrada en vigor.

Entre el 1 de enero de 2017 y el 30 de agosto de 2026 han pasado 3.528 días sin un solo salto. El hueco más largo anterior fue de siete años exactos, del 1 de enero de 1999 al 1 de enero de 2006. El actual ya lo supera en más de dos años y medio.

Periodo sin segundo bisiesto Duración
1 enero 2017 · sigue abierto 9 años y 7 meses (3.528 días, a 30 de agosto de 2026)
1 enero 1999 · 1 enero 2006 7 años
1 enero 2009 · 1 julio 2012 3 años y medio
1 enero 2006 · 1 enero 2009 3 años
1 julio 2012 · 1 julio 2015 3 años

Contado por oportunidades en lugar de por días, la cifra impresiona más. Desde el ajuste que entró en vigor en enero de 2017 son veinte ocasiones consecutivas (dos por año, junio y diciembre) sin necesidad de tocar el reloj, contando la de diciembre de 2026, que ya está descartada por escrito: el Boletín C 72 del IERS, del 6 de julio de 2026, dice que “NO se introducirá ningún segundo bisiesto al final de diciembre de 2026” (NO leap second will be introduced at the end of December 2026) y confirma que UTC menos TAI sigue valiendo 37 segundos negativos desde el 1 de enero de 2017.

¿Por qué se está acelerando la Tierra?

A escalas geológicas la Tierra frena, no acelera. La disipación de las mareas alarga el día unos 2,3 milisegundos por siglo, con una incertidumbre de 0,1, y esa es la tendencia de fondo desde siempre.

Lo que ha cambiado es reciente. Según el estudio, la pendiente de la serie UT1 menos UTC se alteró de forma marcada después de comienzos de los años 2000 y se volvió positiva en torno a 2020: UT1 tiende a adelantarse respecto a UTC, lo que equivale a días algo más cortos que los 86.400 segundos nominales y a una rotación más rápida de la Tierra sólida.

El cambio de signo es aún más visible si se mira el registro completo de la duración del día. Los autores calculan la aceleración angular equivalente antes y después de 1972 y les salen valores de distinto signo: negativa antes (-13,1 × 10⁻²² rad/s², la Tierra frenando) y positiva después (+50,6 × 10⁻²² rad/s², la Tierra acelerando).

Los sospechosos habituales de la superficie no dan la talla. El artículo recuerda que la redistribución de agua terrestre y de hielo explica buena parte del cambio en el movimiento del polo alrededor del año 2000, pero que procesos comparables de masa superficial no explican las tendencias recientes de UT1 y de la duración del día. Los cambios seculares en el achatamiento del planeta, medidos con telemetría láser sobre satélites, tampoco: su contribución es demasiado pequeña.

Queda una explicación: algo que está dentro.

La pista del núcleo, y cómo se busca

El método del trabajo consiste en ir restando. Sobre la duración del día se quitan primero las mareas zonales (con el modelo IERS 2010), después el efecto de los fluidos de la superficie (atmósfera, océano e hidrología, con los productos operativos del GFZ, disponibles desde 1976) y por último el frenado secular por mareas. Lo que sobra es el residuo.

Ese residuo se compara con una segunda serie que no viene de la astronomía sino del magnetismo: el momento angular del núcleo, deducido de modelos del campo magnético terrestre. Son dos medidas independientes, una de cómo gira el planeta y otra de cómo se mueve el metal líquido de su interior.

Las series no cubren lo mismo, y ahí los autores son estrictos. La versión diaria de los parámetros de orientación terrestre del IERS llega de 1962 a 2024, y la serie larga de la duración del día abarca de 1883 a 2024, pero la del núcleo termina en 2022. Todos los ajustes, espectros y correlaciones que publican usan solo la ventana común: de 1883 a 2022.

Los números del estudio

En esa ventana común, las dos series contienen una oscilación de en torno a 70 años. Estas son sus propiedades ajustadas, tal como las publica el artículo.

Serie Periodo ajustado Amplitud Pico de Lomb-Scargle
Duración del día (residuo) 69,7 años 2,87 ms 67,8 años
Momento angular del núcleo 71,8 años 1,94 ms 70,5 años

Las dos curvas anuales van casi de la mano: su correlación sin desfase es de 0,918, y sube a 0,932 si se adelanta la señal del núcleo dos años. Es tentador leer ahí una relación de causa, y los propios autores cierran esa puerta: como las dos series están fuertemente autocorrelacionadas, advierten, esos coeficientes describen la correspondencia entre ambas y no sirven para evaluar significación predictiva ni para inferir un mecanismo causal único.

La cifra que mejor resume el resultado es otra. Desde 1972, el residuo de la duración del día cae a razón de 0,108 milisegundos por año, y la componente de 70 años ajustada por sí sola reproduce una caída de 0,099: alrededor del 92% de la tendencia. Casi toda la aceleración reciente, una vez descontadas mareas y fluidos superficiales, encaja con el latido lento del núcleo.

Para hacerse una idea de lo que eso significa en el reloj, el artículo da la equivalencia: una anomalía de 1 milisegundo en la duración del día, mantenida durante un año, acumula unos 0,37 segundos en UT1. Integrada desde 1972, la componente ajustada produce un recorrido de unos 23,3 segundos de pico a pico hasta 2022.

¿Habrá entonces un segundo bisiesto negativo?

Aquí es donde el estudio dice lo contrario que el titular fácil. Su conclusión, textual: “dentro del modelo ajustado, la componente multidecadal por sí sola no indica un acortamiento sostenido del día a corto plazo que, por sí mismo, exigiera un segundo bisiesto negativo” (en el original, within the fitted model, the multidecadal component alone does not indicate sustained near-term shortening of the day that would, by itself, require a negative leap second).

El motivo es que la oscilación tiene forma de onda, y las ondas se dan la vuelta. Extrapolando la componente ajustada más allá del intervalo observado, su siguiente máximo positivo cae cerca de 2040: el día vuelve a alargarse.

Y hay un aviso más, que los autores repiten una y otra vez a lo largo del artículo. Esto es una evaluación geofísica dependiente del modelo, no una predicción operativa de los futuros ajustes de UTC. Las decisiones reales dependen además de las previsiones de UT1 a corto plazo, de otras variaciones de la duración del día y de la política horaria vigente.

El propio trabajo enumera sus límites: el registro solo resuelve unos dos ciclos completos, así que el periodo cercano a 70 años es aproximado; no hay corrección de fluidos superficiales disponible para el tramo de 1883 a 1975; y la serie del núcleo depende de las hipótesis y la regularización con que se invierte el campo geomagnético.

Qué se decidió en 2022 y qué se vota en octubre de 2026

Mientras tanto, la discusión que de verdad va a cambiar las cosas no es geofísica sino de política metrológica. En 2022, la Conferencia General de Pesas y Medidas aprobó su Resolución 4 y “decide que el valor máximo de la diferencia (UT1-UTC) se aumentará en 2035, o antes” (decides that the maximum value for the difference (UT1-UTC) will be increased in, or before, 2035).

El motivo que da la resolución no tiene que ver con la Tierra, sino con las máquinas: los saltos introducen discontinuidades que arriesgan fallos graves en infraestructura digital crítica, incluidos los sistemas globales de navegación por satélite, las telecomunicaciones y el transporte de energía. Los operadores han desarrollado métodos distintos y no coordinados para aplicar el segundo bisiesto, y esa disparidad es en sí misma un problema.

El texto encarga al CIPM que consulte con la UIT y otras organizaciones para proponer un valor máximo nuevo que asegure la continuidad de UTC durante al menos un siglo, prepare un plan de implantación para 2035 o antes, y redacte una resolución con esas propuestas para acordarla en la 28ª reunión de la Conferencia General.

Esa reunión ya tiene fecha: del 13 al 15 de octubre de 2026, en el Palacio de Congresos de Versalles. Su agenda preliminar reserva la mañana del último día a una sesión sobre los retos y el futuro de la metrología del tiempo, y la tarde, a la votación.

Lo que conviene no dar por sabido es el número. Cuál será exactamente la nueva tolerancia no está decidido: la resolución de 2022 pidió una propuesta, y a día de hoy esa propuesta no es todavía una decisión publicada. Cualquier cifra concreta que circule hoy es una propuesta, no una decisión.

¿Se nota algo de esto en tu reloj?

En tu reloj, no. El desfase entre la rotación de la Tierra y el tiempo civil es hoy minúsculo: el 27 de agosto de 2026, último valor medido publicado en el Boletín A del IERS, UT1 iba 0,0065 segundos por delante de UTC. El umbral que dispara un segundo bisiesto está en 0,9 segundos: no estamos ni cerca.

Tanto, que el propio IERS transmite un valor redondeado de cero con las señales horarias: DUT1 vale 0,0 segundos desde el 9 de abril de 2026. Si alguna vez has sincronizado un reloj con una señal de radio, ese es el número que viaja dentro.

Donde sí importa es en lo que no se ve. La hora oficial que usan los sistemas de navegación por satélite, las redes de telecomunicaciones y las eléctricas es la que la Resolución 4 quiere blindar contra saltos, y ese es todo el asunto. Para quien mira al cielo, la consecuencia es más doméstica: cuando aquí publicamos a qué hora pasa la Estación Espacial sobre tu ciudad o la hora exacta a la que empieza el eclipse total del 2 de agosto de 2027, esas horas están en tiempo civil, que es una escala atómica corregida para no separarse de la rotación del planeta.

La letra pequeña

El estudio está publicado como preprint en arXiv y consta como enviado a Earth, Planets and Space el 27 de agosto de 2026, así que no consta que haya pasado todavía la revisión por pares. Es un resultado para seguir, no para cerrar. Sus tablas, figuras y ecuaciones están en el PDF del artículo (arXiv:2608.25964).

Queda, en cualquier caso, una idea que sobrevive a cómo se resuelva la discusión de octubre. Durante medio siglo, la hora del mundo ha estado corrigiéndose a mano para no separarse de un planeta que gira de forma irregular, y una parte apreciable de esa irregularidad viene del metal líquido del núcleo, moviéndose ahí abajo. Medimos el tiempo con relojes atómicos, pero seguimos mirando al cielo para saber si van bien: la misma razón por la que este sitio se llama Ocho Minutos Luz. Y si lo que te apetece es salir a mirar en vez de contar segundos, ahí está lo que se ve en el cielo de septiembre desde España.