Betelgeuse tiene compañera. El 28 de julio de 2026 el Observatorio Europeo Austral (ESO) publicó lo que describe como la evidencia más sólida obtenida hasta la fecha de que la estrella naranja de Orión no está sola: una imagen tomada con el Very Large Telescope en la que aparece un punto de luz a 52,32 milisegundos de arco de la supergigante.
Esa mota tiene nombre, Betelgeuse B, y una masa estimada de 2,6 a 3,1 veces la del Sol. Y tiene también una letra pequeña que conviene leer entera: el propio equipo la sigue llamando candidata, porque para darla por confirmada hay que volver a fotografiarla al otro lado de la estrella.
Qué ha visto exactamente el VLT
La observación se hizo desde el desierto de Atacama, en Chile, con el instrumento SPHERE del VLT de ESO, en concreto con su cámara ZIMPOL, que trabaja en luz visible. El equipo apuntó a Betelgeuse las noches del 3 y el 6 de diciembre de 2024, y la fuente secundaria aparece en los datos del día 6.
Aparece, además, solo en uno de los dos filtros usados. En el filtro CntHa, centrado en 644,9 nanómetros, el punto está ahí; en el filtro estrecho de hidrógeno alfa, centrado en 656,34 nanómetros, no hay nada. Ese detalle no es una pega: encaja con que la compañera sea una estrella joven y tranquila, sin el disco de material ni la emisión que delatan a las estrellas todavía en formación.
Betelgeuse B se detectó con una significación de 6,1 sigma con el algoritmo principal del trabajo y de 5,1 sigma con un segundo algoritmo, según el artículo del equipo. Traducido: la probabilidad de que ese punto sea un capricho del ruido es minúscula, aunque una cosa es que la señal exista y otra que se demuestre que las dos estrellas están unidas por la gravedad.
Y la señal es débil de verdad. El artículo mide el contraste entre las dos estrellas en 8,24 × 10⁻⁴: la compañera aporta menos de una milésima parte de la luz que llega de Betelgeuse. Sacarla de ahí exigió técnicas de posprocesado desarrolladas originalmente para buscar exoplanetas y varios meses de trabajo con los datos, según ESO.
Los números de la candidata
| Dato | Valor medido o estimado | De dónde sale |
|---|---|---|
| Separación aparente en el cielo | 52,32 ± 0,18 milisegundos de arco | Artículo del equipo (VLT/SPHERE) |
| Ángulo de posición | 117,12 ± 0,60 grados | Artículo del equipo |
| Contraste de brillo respecto a Betelgeuse | 8,24 × 10⁻⁴ | Artículo del equipo |
| Masa de la compañera | 2,6 a 3,1 masas solares | Artículo del equipo |
| Tipo espectral | B8.5V a B9.5V, recién llegada a la secuencia principal | Artículo del equipo |
| Semieje mayor de la órbita | al menos 8,80 unidades astronómicas | Artículo del equipo |
| Periodo orbital | al menos 5,5 a 5,9 años | Artículo del equipo |
| Fecha de la observación | 6 de diciembre de 2024 | Artículo del equipo |
Del tamaño de esa órbita se puede hacer una idea sin salir del Sistema Solar. La separación medida solo da un límite inferior, porque lo que se ve es la proyección de la órbita sobre el cielo, y ese límite es de 8,80 unidades astronómicas (una unidad astronómica es la distancia entre el Sol y la Tierra). Saturno orbita a 9,5 unidades astronómicas del Sol, según la NASA: la compañera de Betelgeuse está, como poco, casi tan lejos de su estrella como Saturno del Sol.
Hay un detalle escondido en la cifra de la separación. El diámetro de la fotosfera de Betelgeuse, la superficie visible de la estrella, se estima en 42,6 milisegundos de arco: los 52,32 de la separación son solo un poco más. Vista desde aquí, la compañera cae pegada al disco de la supergigante, y eso es justo lo que la hacía tan difícil de encontrar.
¿Por qué ha costado un siglo encontrarla?
Porque nadie la buscaba a ciegas por gusto. La comunidad astronómica lleva aproximadamente un siglo detrás de una posible compañera de Betelgeuse, propuesta en su día para explicar por qué la estrella cambia de brillo, y hasta ahora ninguna de las candidaturas del siglo XX se sostuvo con una confirmación independiente.
La pista buena vino de la curva de luz. Betelgeuse varía con varios periodos a la vez: 2200, 420, 230 y 180 días. El más largo, el de 2200 días, es el llamado periodo secundario largo, y dos trabajos independientes propusieron que lo produce una compañera que da una vuelta cada seis años aproximadamente. Esos mismos trabajos pusieron fecha al momento previsto más favorable: diciembre de 2024, cuando la compañera estaría lo más separada posible de la estrella vista desde la Tierra. El equipo de Montargès pidió tiempo del VLT para esa ventana y apuntó justo entonces.
La otra mitad del problema es de óptica pura. Cincuenta y dos milisegundos de arco es una distancia angular ridícula, y ahí no llega cualquier telescopio.
El límite teórico de un telescopio por difracción vale para hacer la cuenta. Cada telescopio unitario del VLT tiene un espejo primario de 8,2 metros, y a la longitud de onda de la detección eso da un poder de resolución de unos 19,8 milisegundos de arco: por debajo de la separación medida, que es exactamente lo que hacía falta. A eso hay que sumarle óptica adaptativa extrema, que es lo que corrige en tiempo real el temblor que la atmósfera le mete a la imagen. Un telescopio de aficionado de 200 milímetros de abertura, en cambio, no baja de 0,811 segundos de arco a esa misma longitud de onda: más de quince veces más grueso que la separación entre las dos estrellas.
Así que no, esto no se ve desde el jardín de casa, y no es cuestión de aumentos. Con un telescopio de aficionado Betelgeuse es un punto naranja, precioso pero indivisible, y lo seguirá siendo.
Qué cambia esto para la supernova de Betelgeuse
Conviene decir primero lo que no cambia. Betelgeuse es una supergigante evolucionada y se espera que muera en una explosión de supernova, señala ESO, pero ni el hallazgo adelanta esa fecha ni la nota del observatorio la pone. Cuando la estrella se apagó a ojos vista hace unos años y medio mundo especuló con una explosión inminente, el mismo equipo que ahora firma esta imagen descubrió con el VLT que lo que la tapaba era una nube de polvo.
Lo que sí abre la compañera es una pregunta de física estelar. Una estrella de unas tres masas solares orbitando ahí al lado puede influir en cómo evoluciona la supergigante y en qué le pasa a su superficie y a su viento estelar, y averiguar si lo hace es la línea de trabajo que el propio equipo deja abierta.
El resultado tiene además una consecuencia de método que va más allá de Betelgeuse. Entre el 20 y el 40 por ciento de las supergigantes rojas conocidas son binarias, una proporción bastante menor que la de las estrellas masivas jóvenes, y esa diferencia se atribuye a que los sistemas en órbita cerrada pueden interactuar o incluso fusionarse antes de llegar a esta fase. Si el periodo secundario largo delata compañeras, hay un método nuevo para ir a buscarlas en las demás.
La letra pequeña: es una candidata
El artículo del equipo es muy explícito en esto, y merece la pena repetirlo porque es donde más fácil resbala un titular. Con una sola época de observación se ve el punto, pero no se ve el movimiento: para probar que las dos estrellas están ligadas por la gravedad hay que volver a verla al otro lado de la primaria, pasada media órbita. Hasta entonces, el trabajo la llama candidata a propósito.
“Hemos llegado al final de una búsqueda centenaria”, declara Miguel Montargès, del Observatorio de París y autor principal del estudio, en la nota de ESO. En esa misma nota, el astrónomo añade que para estar seguros aún hace falta observarla dentro de un año al otro lado de la estrella, aunque a su juicio queda muy poco espacio para la duda.
Hay otro cabo suelto, y es la distancia a Betelgeuse, discutida desde hace décadas. Los números de arriba salen de adoptar 168 pársecs; con la estimación alternativa de 222 pársecs, medida por radio, el semieje mayor mínimo subiría a 11,6 unidades astronómicas y el periodo mínimo a entre 8,2 y 8,7 años, que ya no casa tan bien con el periodo de 2200 días de la curva de luz. Que las cuentas cuadren mejor con la distancia más corta es, de hecho, un argumento a favor de la hipótesis de la compañera.
Esta imagen tampoco es el único indicio de aquel diciembre. El telescopio Gemini North, en Hawái, obtuvo por su cuenta una detección tentativa en la misma posición, pero solo a 1,5 sigma, según el artículo del equipo del VLT, insuficiente para dar nada por hecho. Los dos resultados coinciden, y esa coincidencia es parte de lo que sostiene el anuncio de julio.
¿Cómo se ve Betelgeuse desde España en agosto?
Con paciencia y madrugón. Betelgeuse está en Orión, la constelación del invierno, así que en agosto sale de madrugada y va ganando altura conforme se acerca el amanecer. Es fácilmente visible a simple vista, como recuerda ESO, y brilla en torno a la magnitud 0,42 según el catálogo SIMBAD, aunque su brillo cambia.
Estas son las horas desde Madrid. La columna que manda es la última: es la altura a la que está la estrella cuando termina la noche cerrada y el cielo empieza a clarear por el este.
| Madrugada | Sale por el horizonte | Acaba la noche astronómica | Altura en ese momento |
|---|---|---|---|
| 12 de agosto | 04:20 | 05:38 | 14,2° |
| 20 de agosto | 03:49 | 05:49 | 22,3° |
| 31 de agosto | 03:06 | 06:04 | 33,0° |
| 15 de septiembre | 02:07 | 06:22 | 45,8° |
Fíjate en cómo cambia el mes: la misma estrella que el 12 de agosto está a solo 14,2 grados cuando acaba la noche astronómica, el 31 está ya a 33,0 grados en ese mismo momento de la madrugada. Sale siempre por el mismo sitio, con azimut 79,8 grados desde Madrid, o sea prácticamente por el este.
La regla práctica de agosto es esta: cuanto más tarde mires, más alta la tendrás, pero más claro estará el cielo. Betelgeuse aguanta ese cielo mucho mejor que cualquier objeto débil, así que el enemigo real a esas alturas no es la luz del amanecer, sino el horizonte: si tienes casas, una loma o la calima del este por delante, no la vas a ver aunque el reloj diga que ya ha salido.
Y para reconocerla no hace falta mapa. Cuando Orión asoma por el este, el cinturón sale casi de canto: sus tres estrellas quedan alineadas en una fila casi vertical, todas por el mismo azimut. Betelgeuse es la naranja que verás arriba y a la izquierda de esa fila.
¿Y desde Canarias?
Canarias gana altura, como siempre que un objeto se queda bajo desde la Península. La madrugada del 12 de agosto, cuando termina la noche astronómica en Tenerife (06:09, hora canaria), Betelgeuse está a 23,1 grados, nueve grados más alta que en esa misma cita (el final de la noche astronómica) desde Madrid. El 31 de agosto, a las 06:23 hora canaria, está ya a 42,3 grados.
¿Y si prefiero no madrugar?
Entonces toca esperar al invierno, que es cuando Orión manda en el cielo de la noche. El 15 de enero de 2027, Betelgeuse culmina desde Madrid a las 23:30 a 57,0 grados de altura, bien alta y cómoda de mirar sin torcer el cuello, y a las 22:00 de esa noche ya está a 51,2 grados. Desde Tenerife, esa misma noche culmina a las 23:22 y a 69,1 grados. En diciembre pasa lo mismo dos horas más tarde: desde Madrid, la noche del 15 de diciembre de 2026 culmina a la 01:32 de la madrugada, también a 57,0 grados.
Horas de salida, crepúsculos, culminaciones y alturas calculados con Skyfield (efeméride DE421 del JPL) para Madrid (40,4168° N; 3,7038° O) y Tenerife (28,2916° N; 16,6291° O), en hora peninsular y hora canaria respectivamente. Alturas sin corregir por refracción atmosférica; noche astronómica con el Sol a 18 grados bajo el horizonte. Cómo calculamos.
Qué hay que esperar ahora
La cita está marcada: una segunda época de observación al otro lado de la estrella, pasada media órbita, y después más medidas para fijar la órbita de verdad. Si esa observación sale, Betelgeuse dejará de ser una estrella para pasar a ser un sistema, y la supergigante roja más estudiada del cielo tendrá que volver a estudiarse entera.
Mientras tanto, lo que hay para el aficionado es lo de siempre y no es poco: un punto naranja arriba a la izquierda del cinturón de Orión, a simple vista, que todo apunta a que son dos. Si quieres ver qué más hay estas noches, lo tienes en nuestro repaso del cielo de agosto, y el archivo mensual completo vive en el calendario del cielo. Si lo que te gusta es ver de lo que son capaces los grandes telescopios, aquí tienes otro ejemplo reciente: el retrato del bulbo de la Vía Láctea que hizo el telescopio Euclid.