La galaxia más grande conocida, medida desde La Palma

La galaxia más grande que conocemos se llama IC 1101, está en el centro del cúmulo Abell 2029 y por fin está medida hasta donde termina. Su cuerpo principal llega a 260 kiloparsecs por el eje mayor, lo que da un diámetro proyectado de unos 520 kiloparsecs: en torno a 1,7 millones de años luz, casi 17 veces el diámetro del disco de la Vía Láctea. Y el detalle que hace este trabajo distinto de otros sobre galaxias gigantes: las imágenes que lo demuestran se tomaron desde España, con un telescopio del Observatorio del Roque de los Muchachos, en La Palma.

El trabajo lo firman Carlos Marrero-de la Rosa y catorce colaboradores, y está aceptado para publicación en Astronomy & Astrophysics. Se envió a arXiv el 16 de julio de 2026 y se revisó el 11 de agosto. No es una noticia de esta semana: es la respuesta a una pregunta que llevaba décadas sin cerrarse.

¿Qué es IC 1101 y por qué es tan grande?

IC 1101 es lo que los astrónomos llaman una BCG, la galaxia más brillante de su cúmulo. Son las galaxias más masivas que hay hoy, y no lo son por casualidad: crecen tragándose galaxias más pequeñas y grupos enteros, una por una, durante miles de millones de años. El propio trabajo describe el proceso con el nombre que se le da en el gremio, canibalismo galáctico, y explica que funciona especialmente bien en los entornos densos de los cúmulos.

Esta en concreto ocupa el centro de Abell 2029, un cúmulo cuya masa M200, la medida de referencia que se usa para los cúmulos, se estima en 8,5 × 1014 masas solares. Está a un desplazamiento al rojo de 0,077, que es el valor que el trabajo adopta para todas sus cuentas. Con la cosmología que él mismo declara (universo plano, materia al 0,3, energía oscura al 0,7 y constante de Hubble de 70 km/s por megapársec), la luz de IC 1101 lleva viajando unos 1.000 millones de años hasta llegar aquí.

Que era enorme se sabía desde 1991, cuando una fotometría profunda en banda R siguió su luz hasta unos 607 kiloparsecs. Lo que no se sabía era si aquello tenía final. Una galaxia gigante en el centro de un cúmulo se difumina hacia fuera y se mezcla con la luz intracumular, esas estrellas sueltas que ya no pertenecen a ninguna galaxia sino al cúmulo entero. Distinguir dónde acaba una cosa y empieza la otra es el problema.

¿Dónde está el borde de una galaxia?

Esta es la parte conceptual y conviene no saltársela, porque de ella depende la cifra del titular. Una galaxia no termina como termina una mesa. En las galaxias de tipo temprano, escribe el equipo, el borde no aparece como un corte brusco sino como un cambio suave en la pendiente de los perfiles de brillo y de densidad de masa, acompañado además de cambios de color y de geometría.

Con ese criterio, el borde es el radio a partir del cual la galaxia deja de comportarse como el cuerpo principal de una galaxia. En IC 1101 ese cambio ocurre a 260 ± 38 kiloparsecs, unos 850.000 años luz, y el trabajo lo elige como su estimación de referencia porque la transición aparece a la vez en los parámetros estructurales y en los perfiles fotométricos: es la más robusta de todas las que encuentran.

Ahí está la clave del matiz: lo que hay más allá de ese radio no es «nada», es la envoltura que la galaxia ha ido montando a base de tragarse a sus vecinas, y luego la luz intracumular. Por eso la medida importa. Sin un criterio de borde, cualquier cifra de tamaño depende de hasta dónde llegue tu telescopio.

Todas las medidas, en kiloparsecs y en años luz

El trabajo no da un número, da varios, porque cada uno mide una cosa distinta. Esta es la tabla completa. Los kiloparsecs son los del trabajo; los años luz son la conversión, hecha por nosotros con la constante de siempre (un kiloparsec son 3.261,6 años luz).

Radios y tamaños de IC 1101 según Marrero-de la Rosa et al. 2026. La conversión a años luz es nuestra.
Medida Qué es Kiloparsecs Años luz
Radio efectivo Donde se acumula la mitad de la luz 73 ± 2 unos 238.000
Transición interior Donde el gradiente de color se aplana unos 146 unos 476.000
Radio del borde Final del cuerpo estelar principal 260 ± 38 unos 850.000
Radio R1 Donde la densidad de masa cae a 1 masa solar por pársec cuadrado 362 ± 38 unos 1,18 millones
Envoltura estelar Hasta donde llega antes de que mande la luz intracumular unos 475 unos 1,55 millones
Diámetro proyectado El borde, medido de lado a lado unos 520 unos 1,7 millones

La masa acompaña al tamaño. Dentro del radio del borde hay (3,36 ± 0,01) × 1012 masas solares en estrellas, es decir 3,36 billones. Dentro de la transición interior, 2,662 billones. Dentro de R1, 3,69 billones. Y si se integra hasta 620 kiloparsecs, 4,2 billones, aunque a esas distancias la cuenta ya incluye cada vez más luz intracumular que no es de la galaxia.

Sobre la comparación con la Vía Láctea conviene ser honesto, porque es la que todo el mundo va a hacer. La NASA cifra el diámetro del disco de nuestra galaxia en unos 100.000 años luz. Los 1,7 millones de años luz de IC 1101 son casi 17 veces esa cifra, pero no están medidos con la misma regla: lo de la Vía Láctea es el disco y lo de IC 1101 es el diámetro proyectado hasta su borde, con el criterio que acabamos de explicar. La proporción da la idea correcta de la escala; no es una medición equivalente. Si le interesa el fondo de estas unidades, lo contamos en qué es exactamente un año luz.

Las imágenes se tomaron en La Palma

Aquí está el ángulo español, y no es decorativo: sin estas imágenes no hay medida. IC 1101 se observó con la Wide Field Camera montada en el Isaac Newton Telescope, en el Observatorio del Roque de los Muchachos. El observatorio está en el municipio de Garafía, en La Palma, a 2396 metros sobre el nivel del mar, en el borde del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente. Según la ficha oficial del Isaac Newton Group, el telescopio tiene un espejo primario de 2,54 metros de diámetro y está en La Palma desde 1984, cuando se mudó desde Herstmonceux, en el Reino Unido, buscando mejor tiempo y mejor cielo.

Las observaciones se hicieron entre el 27 y el 30 de mayo de 2022, dentro del programa 078-INT10/22A, con Fernando Buitrago como investigador principal. La cámara es un mosaico de cuatro CCD. En la banda g se tomaron 79 exposiciones de 180 segundos cada una y en la banda r, 53 de 300 segundos: en total, 3,95 y 4,41 horas de exposición.

Ese esfuerzo se traduce en una cifra concreta de profundidad. Las imágenes finales llegan a 30,5 magnitudes por segundo de arco al cuadrado en la banda g y a 30 en la r, medidas a 3 sigma en un área equivalente a 10 por 10 segundos de arco. Es el brillo superficial más tenue que la imagen distingue del fondo, y cuanto mayor es el número, más profunda es la imagen.

La figura que abre este artículo es exactamente esa comparación, y está sacada del propio trabajo. A la izquierda, la misma galaxia vista por el SDSS, que llega a 27,4. En el centro, por el DESI Legacy Survey, que llega a 28,5. A la derecha, la del Isaac Newton Telescope, que llega a 30,0. Cada escalón de esa serie es luz que antes se perdía en el ruido.

Y hay un detalle que merece decirse, porque cambia cómo se lee esta pieza. El Isaac Newton Telescope ya no observa como observaba en mayo de 2022. La ficha del ING explica que las observaciones en modo visitante cesaron a mediados de junio de 2024, que en 2025 el telescopio completó una reforma para convertirse en un instrumento totalmente robótico al servicio del buscador de exoplanetas HARPS-3, y que ahora mismo no se ofrece tiempo de observación en él. Una vez completada la puesta a punto, la mitad de ese tiempo irá al Terra Hunting Experiment y la otra mitad quedará abierta a la comunidad. Las imágenes más profundas que se le han tomado nunca a la galaxia más grande conocida salieron de un telescopio que ya trabaja de otra manera.

Lo que apareció al quitar las estrellas de delante

Medir brillo superficial a nivel de 30 magnitudes tiene un enemigo evidente: las estrellas de nuestra propia galaxia que se cruzan en la imagen. Su luz no se queda en su sitio, se desparrama en alas difusas que pueden extenderse varios minutos de arco y contaminar justo las regiones tenues que interesan. En la zona de la galaxia, ese velo de luz dispersa alcanza brillos de 27 a 28 magnitudes por segundo de arco al cuadrado, o sea, por encima de la señal que se busca.

La solución del equipo fue modelar la respuesta del propio telescopio a una fuente puntual, combinando estrellas saturadas y sin saturar, y restar después la luz dispersa de todas las estrellas brillantes del campo, las de magnitud G de Gaia por debajo de 16. En total se seleccionaron 250 estrellas en las bandas g y r. Con la imagen limpia aparecieron estructuras por debajo de 30 magnitudes por segundo de arco al cuadrado que antes estaban tapadas.

Lo interesante es qué eran. Alrededor de IC 1101 hay penachos alargados, sobredensidades difusas y envolturas asimétricas, la firma típica de material acumulado por absorción de otras galaxias. Y esas estructuras coinciden espacialmente con algo que ya se había visto en rayos X: observaciones muy profundas de Chandra habían identificado en Abell 2029 una de las espirales de gas en bamboleo más largas y continuas que se conocen, extendida hasta casi 600 kiloparsecs desde el centro del cúmulo, interpretada como el rastro de una fusión descentrada con un subcúmulo hace dos o tres mil millones de años.

El equipo es cuidadoso con lo que eso significa. No esperan una correspondencia exacta punto por punto, y así lo dicen; lo que proponen es que las estructuras estelares difusas y el residuo en rayos X podrían estar trazando fases distintas de la misma perturbación a gran escala. Comprobaron además que aquellos filamentos no fueran cirros galácticos de primer plano, polvo de nuestra propia galaxia haciéndose pasar por estructura lejana: ni los colores ni la distribución espacial encajan con esa explicación.

¿Se puede ver IC 1101 desde España?

No con equipo de aficionado, y la razón es el brillo, no el tamaño. Es una pregunta razonable cuando un titular habla de la galaxia más grande conocida, y merece números en vez de una impresión.

La base de datos extragaláctica NED, del NASA/IPAC, sitúa IC 1101 en ascensión recta 15h 10m 56,1s y declinación +05° 44′ 41″, y le asigna una magnitud aparente de 14,73. Ese valor lo etiqueta la propia NED como orientativo, y así hay que tomarlo, pero sirve de sobra para lo que aquí importa: una galaxia de magnitud casi 15 no es objeto de prismáticos ni de telescopio pequeño. Su tamaño real no la hace grande en el cielo, porque su luz ha tardado unos 1.000 millones de años en llegar hasta aquí.

Dicho eso, si alguien quiere saber dónde estaría, estos son los números. En septiembre de 2026 IC 1101 ya se está despidiendo del cielo de la tarde: cuando cae la noche cerrada, la galaxia está bajando por el oeste-suroeste.

Dónde estaría IC 1101 al empezar la noche astronómica, en septiembre de 2026.
Lugar y fecha Empieza la noche astronómica Altura Azimut Se pone
Madrid, 1 de septiembre 22:22 30° 250° 01:01
Tenerife, 1 de septiembre 21:48 39° 253° 00:46
Madrid, 15 de septiembre 21:56 25° 256° 00:06
Tenerife, 15 de septiembre 21:30 31° 259° 23:51

Calculado con Skyfield (efeméride DE421 del JPL) para Madrid, en hora peninsular, y para Tenerife (28,29° N; 16,63° O), en hora canaria. Noche astronómica: Sol a 18 grados bajo el horizonte. Alturas sin corregir por refracción atmosférica. Cómo calculamos.

En dos semanas pierde cinco grados de altura en Madrid y ocho en Tenerife al empezar la noche cerrada, y la hora de puesta se adelanta 55 minutos en los dos sitios. La ventana se va cerrando sin cerrarse del todo: el 15 de octubre, cuando el cielo de Madrid termina de oscurecer, la galaxia sigue ahí pero ya solo a 12 grados, y se pone a las 22:09. Lo que sí se ve bien esas mismas noches está en la guía del cielo de septiembre, y para mirar galaxias de verdad hace falta antes lo otro, un sitio decente: aquí contamos dónde están los cielos oscuros que quedan en España y cómo se miden.

La galaxia más grande conocida todavía está creciendo

El trabajo cierra con una frase que le quita cualquier aire de récord definitivo. Sobre lo que ocurre en el exterior de la galaxia, sus autores escriben que «sus afueras muestran signos claros de acumulación de masa en curso, lo que indica que su extensión espacial sigue creciendo» (la traducción del inglés es mía).

Conviene además separar dos afirmaciones que suenan parecidas y no lo son, porque el propio trabajo las separa. Que IC 1101 sea, con estos datos, la galaxia más grande conocida hasta la fecha es una cosa. Que su radio de borde sea el mayor jamás medido es otra, y esa no la dicen: escriben que está entre los mayores radios de borde medidos en cualquier galaxia hasta hoy. La diferencia parece pequeña y no lo es.

Y queda una lectura más de fondo. La pregunta del título del trabajo es cuánto pueden llegar a medir las galaxias, y la respuesta que da no es un número final sino un procedimiento: hace falta llegar a 30 magnitudes por segundo de arco al cuadrado, hace falta restar bien la luz de las estrellas de delante y hace falta un criterio de borde que no dependa de tu telescopio. Con esas tres cosas, el tamaño de la mayor galaxia conocida queda acotado por un final medido y no supuesto, que es justo lo que faltaba: las imágenes profundas anteriores confirmaban su enorme extensión, pero no decían si tenía borde. Ahora se sabe dónde está, y se sabe también que lo que hay más allá sigue llegando.