Empezar en astronomía sin telescopio: qué se ve de verdad

Para empezar en astronomía no hace falta comprar nada. Desde España se ven sin telescopio cinco objetos del catálogo Messier, cinco planetas, la Estación Espacial Internacional y, si el cielo acompaña, la Vía Láctea. Lo que decide cuántos de ellos vas a ver no es el instrumento que tengas: es el brillo del cielo que tienes encima.

Y ese brillo se puede poner en números. Bajo un cielo sin luz artificial el ojo llega a magnitud 6,2; en el cielo en el que vive el 75,2 % de la población española no pasa de 5,6. Esta guía es esa cuenta hecha objeto por objeto, con el mes en que cada uno sube más y la altura a la que lo hace desde Madrid y desde Tenerife.

Conviene decir de entrada de dónde sale cada cifra. Las hay de las fichas del catálogo Messier del Hubble (NASA), de la base de datos SIMBAD, de un atlas de contaminación lumínica publicado en Science Advances, del modelo de visibilidad que un artículo de 2014 publicó en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, de la página de la NASA que localiza la Estación Espacial, de la web del programa de planetario que recomendamos y de nuestras propias cuentas con la efeméride del JPL. Al final está detallado qué aporta cada una: lo que no se puede señalar en alguna de ellas no está en este artículo.

¿Qué se ve de verdad desde donde vives?

El brillo de un objeto se mide en magnitudes, y la escala va al revés de lo que parece: cuanto más pequeño es el número, más luz llega. Venus se mueve en números negativos (en su peor momento del próximo año está en −3,9, según nuestro cálculo) y el objeto más difícil de esta guía, el cúmulo de Hércules, está en 5,8.

Hasta dónde llega tu ojo lo fija el fondo sobre el que miras. El atlas de contaminación lumínica de Falchi y sus colegas, publicado en 2016, sitúa el brillo del cielo natural sin Luna en 22,0 magnitudes por segundo de arco cuadrado y ordena la luz artificial en escalones. Con ese dato y con el modelo de visibilidad que Andrew Crumey publicó en 2014 en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, la pregunta de qué se ve desde tu casa tiene respuesta numérica.

Cielo Brillo del fondo Magnitud más débil que ve el ojo Población española que vive ahí
Cielo natural (menos de un 1 % de luz añadida) 22,0 6,2 0,0 %
Perdido el aspecto natural del cielo 21,6 6,1 96,1 %
Ya no se ve la Vía Láctea 20,3 5,6 75,2 %
El ojo ni llega a adaptarse a la oscuridad 18,8 5,1 41,5 %

Brillo del fondo en magnitudes por segundo de arco cuadrado. Cada fila es el borde más favorable de su tramo: quien vive en el tramo de la tercera fila tiene, como mucho, ese cielo y ese límite. Niveles y porcentajes: Falchi et al. (2016), fila de España de su Tabla 2. Magnitudes límite: cuenta nuestra con el modelo de Crumey (2014) y el factor de campo F=2 que propone el propio artículo. Cómo calculamos.

Dos consecuencias que conviene leer despacio. La primera: ningún español vive bajo un cielo sin contaminación lumínica, porque esa columna del atlas marca 0,0 % para España. La segunda es la buena noticia: aunque el 41,5 % de la población vive donde el ojo ni siquiera termina de adaptarse a la oscuridad, ahí todavía se alcanza la magnitud 5,1, y con eso hay lista.

Y hay un contraste en ese mismo atlas que explica por qué merece la pena salir de la ciudad aunque sea media hora en coche. El 75,2 % de los españoles vive bajo un cielo en el que la Vía Láctea ya no se ve, pero solo el 6,7 % del territorio está tan iluminado. Casi todo el país conserva su Vía Láctea: lo que se concentra en los sitios malos es la gente, no la superficie.

Los cinco objetos que aguantan la prueba

Estos cinco pasan el filtro: la NASA los da como visibles a simple vista o con prismáticos, y sus magnitudes se pueden contrastar una a una con el límite que sale de la cuenta anterior. Para cada uno hemos calculado la altura máxima que alcanza sobre el horizonte, que es lo que decide si lo vas a mirar cómodamente o buscándolo entre tejados.

Objeto Qué es Magnitud Mejor mes Altura máx. Madrid Altura máx. Tenerife Con qué
M45, las Pléyades Cúmulo abierto 1,6 Diciembre 74° 86° A simple vista
M31, Andrómeda Galaxia espiral 3,1 Noviembre 89° 77° A simple vista
M44, el Pesebre Cúmulo abierto 3,7 Marzo 69° 81° Vista, mejor prismáticos
M42, nebulosa de Orión Nebulosa 4,0 Enero 44° 56° A simple vista
M13, cúmulo de Hércules Cúmulo globular 5,8 Julio 86° 82° Prismáticos

Magnitudes y mejor mes: la ficha de las Pléyades del catálogo Messier del Hubble (NASA) y las de los otros cuatro objetos del mismo catálogo. Alturas calculadas por nosotros con Skyfield y la efeméride DE421 del JPL, para Madrid y para Tenerife, sin corregir por refracción atmosférica.

La fila que más dice es la última. M13 tiene magnitud 5,8 y el ojo, en el cielo del 75,2 % de los españoles, no pasa de 5,6. La NASA lo da como objeto de prismáticos. Es el único de los cinco que se cae de la lista sin ayuda. A cambio de los prismáticos, son más de cien mil estrellas apretadas a 25.000 años luz.

Un matiz honesto sobre esa comparación: la magnitud límite de la tabla anterior es la de una estrella, es decir, un punto. Ninguno de estos cinco lo es. Cuando la luz se reparte sobre una mancha, lo que manda es otra cifra, y es la sección siguiente.

Por qué Andrómeda decepciona y Orión no

La galaxia de Andrómeda tiene magnitud 3,1 según la NASA, más brillo que la nebulosa de Orión, que se queda en 4,0. Cualquiera diría que se ve mejor. Ocurre lo contrario, y el motivo se puede calcular.

La magnitud de un objeto extenso suma toda su luz como si estuviera concentrada en un punto, pero el ojo la ve repartida. Dividiendo esa luz entre la superficie que ocupa (los tamaños son los de SIMBAD) sale el brillo superficial medio: 22,1 en Andrómeda contra 21,7 en la nebulosa de Orión, en las mismas magnitudes por segundo de arco cuadrado de la primera tabla.

Ahí está la respuesta: en esta escala el número más alto es el más débil, así que Orión (21,7) brilla por encima del fondo natural del cielo (22,0) y Andrómeda (22,1) queda justo por debajo. Andrómeda se ve, pero no la galaxia entera. Quien espera el óvalo de las fotos ve una mancha alargada y pálida, y se marcha convencido de que ha fallado en algo.

Un aviso de precisión, porque el propio dato es resbaladizo: para esa misma galaxia la NASA publica magnitud 3,1 y SIMBAD, 3,44. No es que uno se equivoque: en un objeto difuso la magnitud integrada depende de hasta dónde decidas medir. Nuestro cálculo usa el 3,1 de la NASA, y con el 3,44 el resultado sería aún menos favorable.

Cómo verlo desde España: lo que gana cada sitio

Las dos últimas columnas de la tabla de objetos guardan una diferencia que casi nunca se cuenta. La nebulosa de Orión culmina a 44 grados sobre el horizonte en Madrid y a 56 en Tenerife: doce grados de ventaja para Tenerife, que en un objeto tan bajo significan menos aire atravesado y menos luces de ciudad por delante.

Con Andrómeda pasa justo lo contrario: 89 grados en Madrid, prácticamente el cenit, contra 77 en Tenerife. Cada latitud tiene sus objetos regalados, y la diferencia no es de calidad de cielo sino de geometría.

Lo demás es cuestión de fecha y de hora. Qué hay arriba cada noche está en el cielo del mes, mes a mes, y si lo que te preocupa es si el cielo acompañará esa noche, eso se mira en la ficha de tu localidad.

Lo que aparece sin buscarlo: la Luna, los planetas y la ISS

Los planetas no necesitan lista de espera ni cielo oscuro, porque están muy por encima de cualquier límite de los de arriba. Calculando su magnitud mes a mes durante el próximo año desde Madrid, en su peor momento del año Venus está en magnitud −3,9, Júpiter en −1,7, Saturno en 0,8, Marte en 1,3 y Mercurio en 3,3. Incluso Mercurio, el más débil de los cinco en ese peor momento, sigue siendo más brillante que el límite de 5,1 del cielo español más contaminado. Con ellos, la dificultad nunca es el brillo: es saber hacia dónde mirar y a qué hora.

La Estación Espacial Internacional es el otro objeto que se cuela sin permiso. La NASA explica en su página para localizarla que «parece un avión o una estrella muy brillante cruzando el cielo nocturno, salvo que no lleva luces intermitentes ni cambia de dirección» (traducción nuestra), y que todos los pases visibles caen en las pocas horas anteriores o posteriores al amanecer o al atardecer, cuando el Sol la ilumina y el cielo del observador ya está oscuro.

Aquí hay una ventaja que sale de una sola cifra. La estación orbita con una inclinación de 51,6 grados, así que solo puede pasar por el cenit de lugares por debajo de esa latitud. Madrid está a 40,4 grados y Tenerife a 28,3: desde las dos la ISS puede pasar justo por encima de tu cabeza, cosa que en sitios como Alaska, que la propia NASA pone de ejemplo, no ocurre nunca.

El calendario añade dos citas que tienen aquí su propio artículo: la lluvia de Perseidas y el eclipse total de 2027.

El mapa del cielo que no cuesta nada

Para saber qué estás mirando hay software libre y gratuito que hace exactamente eso. Stellarium se define en su propia página como «un planetario libre y de código abierto para tu ordenador» (traducción nuestra) y trae de serie un catálogo de más de 600.000 estrellas y 80.000 objetos de cielo profundo, con versiones para Linux, macOS y Windows. La portada ofrece además una versión llamada Stellarium Web.

Lo que ninguna aplicación hace es lo importante: una app te dice dónde está Andrómeda, no te la enseña. Enseña la pantalla, y una pantalla encendida en la mano echa a perder la adaptación a la oscuridad que el resto de esta guía intenta conservar. Modo nocturno rojo, brillo al mínimo, y el móvil en el bolsillo mientras miras.

Cuatro cosas que no cuestan dinero y cambian lo que ves

Aléjate de las luces directas, aunque no puedas alejarte de la ciudad. El atlas de Falchi advierte que en los sitios de su escalón rojo, el que empieza donde se pierde la Vía Láctea, la gente «nunca experimenta condiciones parecidas a una noche de verdad» (traducción nuestra) porque se lo impide un crepúsculo artificial. Ponte de espaldas a cualquier luz que te dé en los ojos, o busca la sombra de un edificio: es lo único de esta lista que puedes cambiar sin moverte del sitio donde ya estás.

Elige noche sin Luna. Ese mismo trabajo cuenta la Luna entre las fuentes naturales que gobiernan el brillo del cielo nocturno, junto al fondo de estrellas y a la luz zodiacal. Con Luna llena, el fondo sube y la lista de arriba se encoge sola.

Dale tiempo al ojo, y no lo interrumpas. El atlas describe su nivel más brillante como aquel en el que no hay adaptación a la oscuridad para el ojo humano: una pantalla encendida a un palmo de la cara es exactamente eso, en pequeño.

No esperes color. Con muy poca luz el ojo cambia de régimen: el atlas de Falchi sitúa el paso de la visión escotópica a la mesópica, siguiendo a la Comisión Internacional de la Iluminación, en el escalón rojo de su escala de brillo, que es justo el que empieza donde se pierde la Vía Láctea. La consecuencia práctica es la que decepciona: las nebulosas se ven grises, y los rojos y azules de las fotos son de exposiciones largas, no de ojos.

Lo que este artículo no te va a prometer

Sin instrumento no vas a ver los anillos de Saturno, ni los brazos espirales de ninguna galaxia, ni detalle en la superficie de ningún planeta. Casi todo lo de la tabla se ve como una mancha: con forma de nube en Orión, alargada en Andrómeda y, en palabras de la propia NASA, una mancha de luz en el Pesebre hasta que le pones prismáticos, que ahí separan una veintena de estrellas. Las Pléyades son la excepción de la lista, y por eso son el sitio por el que se empieza: magnitud 1,6, las más brillantes de la tabla.

La lista de arriba es corta a propósito: son los objetos que aguantan la comprobación, no los que quedan bien en un titular. Un cielo oscuro y una tumbona hacen más por esa lista que cualquier compra.

Cómo hemos hecho esta guía

Las magnitudes aparentes, las distancias, el número de estrellas y los mejores meses de observación son los que publica la NASA en las fichas del catálogo Messier del Hubble, consultadas el 18 de agosto de 2026. Las coordenadas, los tamaños angulares y la segunda magnitud de Andrómeda vienen de SIMBAD, la base de datos del Centro de Datos Astronómicos de Estrasburgo. Los datos de contaminación lumínica, incluidas las cifras de España, salen del atlas mundial del brillo del cielo nocturno de Falchi y colaboradores, revisado por pares y de acceso abierto. La inclinación orbital de la Estación Espacial es la que publica la NASA en Spot the Station, y el tamaño del catálogo que trae Stellarium, el que publica su propia web: las dos páginas van enlazadas más arriba.

Las alturas de culminación, las magnitudes de los planetas y el brillo superficial los hemos calculado nosotros con Skyfield y la efeméride DE421 del JPL, tomando como observadores Madrid (40,4 grados de latitud norte) y Tenerife (28,3). Las magnitudes límite salen de aplicar el modelo de Crumey (2014) a los niveles de brillo del atlas: nuestro cálculo reproduce el valor de 6,18 que el propio autor publica para un cielo de referencia, que es la comprobación de que está bien aplicado.

No hemos medido el cielo de nadie. Esta guía dice qué significan las cifras de los catálogos y qué consecuencias tienen desde una latitud española, y deja fuera lo que no se puede señalar en una fuente.