Una empresa estadounidense, Reflect Orbital, quiere poner en órbita una constelación de 50.000 espejos de 54 por 54 metros para vender luz solar de noche sobre puntos concretos de la Tierra. Tres investigadores han calculado cuánto resplandor añadiría eso al cielo, y el resultado es que un solo espejo de esa constelación dejaría el cielo nocturno seriamente estropeado hasta unos 30 kilómetros a la redonda.
Dentro del círculo iluminado, según ese mismo cálculo, no quedaría visible ni una sola de las estrellas más brillantes. Y el haz seguiría distinguiéndose como un pilar de luz a 34 kilómetros.
Conviene decir de entrada qué tipo de dato es este: son números de un modelo sobre un proyecto que todavía no existe, no medidas de algo que ya esté en órbita. Los propios autores explican por qué lo hacen: los planes de Reflect Orbital, escriben, no cuantifican la contaminación lumínica que causarían esos espejos.
Qué se propone exactamente
El estudio lo firman Miroslav Kocifaj (Academia Eslovaca de Ciencias y Universidad Comenius de Bratislava), Gáspár Á. Bakos (Departamento de Ciencias Astrofísicas de la Universidad de Princeton) y František Kundracik (Universidad Comenius). Se titula Atmospheric Light Pollution by Proposed Reflect Orbital Space Mirrors y está depositado en arXiv: se envió el 6 de agosto de 2026 y su última revisión es del 23 de agosto de 2026.
En la ficha de arXiv, consultada el 25 de agosto de 2026, el campo de comentarios dice que está aceptado para su publicación en The Astrophysical Journal Letters. Todavía no tiene referencia de revista: el único identificador permanente que consta es el DOI que emite el propio arXiv.
El proyecto que analizan tiene dos escalones muy distintos, y mezclarlos es el error fácil. El primero es un satélite piloto llamado EARENDIL-1, un espejo de 18 por 18 metros a unos 600 kilómetros de altura, pensado para iluminar un círculo de 2,5 kilómetros de radio. El segundo es la constelación completa: unos 50.000 espejos, cada uno de 54 por 54 metros. Lo primero es un aparato concreto; lo segundo, de momento, un plan.
La propia empresa publica su calendario. En su web oficial, consultada el 25 de agosto de 2026, Reflect Orbital sitúa 2 satélites en 2026 y más de 50.000 en 2035, con escalones intermedios en 2028 y 2030. Para el servicio de iluminación anuncia 0,1 lux durante cinco minutos en 2026, comparable a la luna llena según su propia descripción, y 2 lux durante 2,5 horas en 2027, que compara con el alumbrado público. En la ficha de su servicio, el tamaño del punto iluminado figura como de 5 kilómetros en adelante.
La idea no es nueva. Los autores recuerdan que Hermann Oberth la describió en los años veinte y que el programa ruso Znamya la ensayó en los noventa: en 1993, Znamya 2 desplegó una membrana reflectante de unos 20 metros desde la estación Mir y produjo una mancha de luz en movimiento sobre la Tierra, con un nivel de iluminación aproximadamente comparable al de la luna llena. El intento siguiente, Znamya 2.5, no llegó a desplegarse.
Cuánta luz llega al suelo
Antes de los cálculos finos, el estudio hace la cuenta gruesa. Supone un espejo con una reflectancia de 0,9, a 600 kilómetros de altura y una atmósfera con una profundidad óptica de aerosoles de 0,3.
Con esas hipótesis, el espejo piloto de 18 metros produciría en el suelo 1,05 lux, unas cuatro veces la iluminación de la luna llena cerca del cénit (que el estudio cifra en 0,26 lux), sobre ese círculo de 2,5 kilómetros de radio. Entregaría 0,0096 vatios por metro cuadrado y se vería como un punto de magnitud −14,3 cruzando el cielo a unos 0,72 grados por segundo.
Los espejos grandes de la constelación son otra cosa. Uno solo de 54 por 54 metros daría 9,5 lux sobre la misma superficie, unas 38 veces la luna llena, lo que el estudio describe como nivel de alumbrado público. Entregaría 0,086 vatios por metro cuadrado y, para quien estuviera dentro del haz, aparecería como una fuente puntual de magnitud −16,7: unas 4 magnitudes, es decir 40 veces, más brillante que la luna llena. Puntual de verdad, porque su tamaño aparente sería de 18,6 por 13,1 segundos de arco.
En la escala de magnitudes, los números más negativos significan más brillo. Los satélites que ya se ven a simple vista, empezando por la Estación Espacial Internacional cuando cruza sobre España, brillan exactamente por lo mismo: reflejan luz del Sol hacia el observador.
Hay una cifra que ahorra confusiones: el espejo piloto refleja una novena parte de la luz de los grandes. Por eso los autores hacen todos los cálculos finos con el modelo de 54 metros y avisan de que escalar al de 18 es directo.
¿A qué distancia se nota el resplandor?
Esta es la parte central del trabajo, y la que le importa a quien observa. El equipo calculó cómo se dispersa ese haz en el aire (por las moléculas y por los aerosoles) y cuánta luz rebota además desde el suelo iluminado, todo a 550 nanómetros, cerca del máximo de sensibilidad del ojo humano.
El resultado se mide en luminancia (candelas por metro cuadrado) y se traduce a magnitudes por segundo de arco cuadrado, la unidad con la que se comparan los cielos oscuros que quedan en España. La regla es esta: más candelas es más brillo, y más magnitudes por segundo de arco cuadrado es más oscuridad.
| Distancia al centro del haz | Suelo normal (albedo 0,2) | Suelo nevado (albedo 0,8) |
|---|---|---|
| 0 km (justo debajo) | 2,71 cd/m² (11,52 mag/arcsec²) | 2,89 cd/m² (11,45) |
| 1,6 km | 2,62 cd/m² (11,55) | 2,77 cd/m² (11,49) |
| 5,4 km | 0,25 cd/m² (14,11) | 0,59 cd/m² (13,17) |
| 14,1 km | 0,07 cd/m² (15,49) | 0,13 cd/m² (14,82) |
| 34,1 km | 0,011 cd/m² (17,50) | 0,015 cd/m² (17,16) |
| Cielo con luna llena (referencia) | 0,014 cd/m² | 0,02 cd/m² |
Son los valores máximos de luminancia del cielo que da la tabla 1 del estudio para un espejo de 54 metros, calculados con un parámetro de asimetría de los aerosoles de 0,6. La última fila es la referencia que los propios autores ponen al pie: el brillo mediano del cielo con luna llena.
Mírala de arriba abajo y verás el problema. Para quien esté dentro del haz, el estudio cifra el exceso sobre el cielo con luna llena en un factor de entre 10 y 300. Y solo en la última fila, a 34,1 kilómetros, la luminancia máxima cae por debajo de la del cielo con luna llena: 0,011 frente a 0,014 candelas por metro cuadrado.
El umbral que los autores subrayan es este: el cielo estaría más contaminado que con luna llena en un círculo de entre 14 kilómetros de radio (suelo de albedo típico) y 30 kilómetros (terreno nevado). Y la comparación directa del haz contra el fondo lunar da un factor de 15 a 5,4 kilómetros, de 4 a 14,1 kilómetros y de aproximadamente la mitad a 34,1 kilómetros.
Sobre lo que ocurre a 34 kilómetros, el propio artículo no dice lo mismo en todas sus partes, y conviene reproducir las dos versiones. Las conclusiones afirman que a esa distancia el cielo seguiría siendo más brillante que el cielo con luna llena en la dirección del haz, que se vería como un pilar iluminado con lóbulos laterales de ±45 grados en acimut y hasta el cénit. La sección de resultados y la tabla 1 dan a 34,1 kilómetros una luminancia por debajo de la del cielo lunar y sitúan el haz en aproximadamente la mitad de ese fondo. Lo que las dos versiones comparten es que a 34 kilómetros el pilar de luz sigue ahí y sigue siendo distinguible.
Para quien esté dentro del círculo iluminado no hay matices. El brillo del fondo del cielo llegaría a 2,9 candelas por metro cuadrado (11,45 magnitudes por segundo de arco cuadrado), un nivel que el estudio compara con el crepúsculo poco después de la puesta de Sol, con el Sol a unos 5 grados bajo el horizonte. Ninguna estrella, ni las más brillantes, seguiría siendo visible. «Dentro de la zona iluminada, el cielo nocturno se pierde», escriben Kocifaj, Bakos y Kundracik en las conclusiones.
Y si son 400 espejos sobre el mismo punto
El estudio hace también la cuenta del uso intensivo, que es exactamente lo que una constelación de 50.000 unidades permite: varios espejos apuntando a la vez al mismo sitio.
Con 400 espejos iluminando el mismo punto, todos a 45 grados de elevación sobre el horizonte, el brillo combinado en el suelo sería de unos 2.400 lux, es decir alrededor de 10.000 veces la iluminación de la luna llena y en torno al 2,4 % de la del Sol. Esos 400 espejos entregarían unos 22 vatios por metro cuadrado, que es más o menos el límite inferior a partir del cual una placa solar empieza a funcionar: ahí está el negocio energético del proyecto.
Y ahí está también el coste. Con esa configuración, dice el estudio, el resplandor sería evidente desde 80 kilómetros.
Lo que este cálculo no incluye
Los autores marcan sus propios límites, y merecen leerse antes de repetir las cifras. Todo el trabajo asume cielo despejado, y ellos mismos lo llaman el mejor escenario posible: con una capa de cirros a 10 kilómetros de altura iluminada por el haz, la contaminación lumínica podría verse desde distancias mucho mayores. El caso contrario también existe: las nubes densas actuarían de barrera y bloquearían la luz antes de llegar al suelo. Modelar eso, escriben, queda fuera del alcance del artículo.
Tampoco es un cálculo sobre un aparato ya construido. Las hipótesis son las que la empresa ha hecho públicas (tamaño, altura, radio del círculo iluminado) más una reflectancia supuesta de 0,9. Si el espejo definitivo fuera menos reflectante, o el círculo mayor, los números bajarían.
¿Protege algo la ley española?
España protege por ley un cielo concreto desde 1988. La Ley 31/1988, sobre Protección de la Calidad Astronómica de los Observatorios del Instituto de Astrofísica de Canarias, la llamada ley del cielo, protege los observatorios de La Palma y, para las nuevas instalaciones, también los de Tenerife.
Ahora bien, conviene mirar qué somete a límites exactamente. Su artículo 1 enumera «el alumbrado de exteriores, la instalación y funcionamiento de emisoras y el establecimiento de industrias, actividades o servicios productores de contaminación atmosférica». Y su artículo 5 fija el mecanismo: el IAC emite informe preceptivo en los expedientes de solicitud de licencia de alumbrado exterior, de emisoras de más de 250 vatios y de industrias por encima de los 1.500 metros de altitud.
Es decir: la ley del cielo funciona a través de licencias sobre instalaciones en tierra. En su articulado completo, siete artículos y cuatro disposiciones adicionales, no aparecen las palabras satélite, órbita ni espejo.
La empresa dice tener eso previsto por su cuenta. Su web sostiene que mantiene zonas de exclusión estrictas para la astronomía y los entornos sensibles, y que puede evitar de forma deliberada lugares delicados como los observatorios de investigación. El estudio permite dimensionar qué tendría que medir una zona de exclusión así: de 14 a 30 kilómetros de radio por espejo para no dejar el cielo peor que con luna llena, y más si se cuenta el pilar de luz.
Hay además una afirmación de la empresa que este trabajo contradice de frente. En sus preguntas frecuentes, Reflect Orbital sostiene que «el punto es más brillante en el suelo, con un resplandor mínimo en el aire». Todo el estudio va justamente de ese resplandor en el aire, y le sale cualquier cosa menos mínimo.
Un contraste más, con su letra pequeña por delante: las dos cifras no describen forzosamente el mismo escenario, porque la empresa no publica el tamaño ni la altura del espejo con el que promete su servicio de 2026. Con esa cautela, la empresa anuncia 0,1 lux para 2026 y el estudio calcula 1,05 lux para un espejo de 18 por 18 metros, que es el tamaño del piloto. Entre las dos cifras hay un factor de diez.
Qué está lanzado y qué es todavía un plan
Nada de esto se ve hoy en el cielo, y el artículo no puede dar a entender lo contrario. El estudio habla de un satélite que la empresa tiene previsto lanzar, en presente de proyecto, y su versión más reciente es del 23 de agosto de 2026. En la web de la empresa, a 25 de agosto de 2026, no figura el nombre EARENDIL-1 ni ninguna fecha de lanzamiento concreta: solo el calendario por años.
Sobre la tramitación, los autores escriben que Reflect Orbital presentó su solicitud a la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (expediente FCC número SAT-LOA-20230825-00198) y que la FCC la aprobó sin considerar los impactos ambientales y de seguridad. Ese dato va aquí atribuido a ellos: el expediente de la FCC no es accesible desde nuestra consulta.
Por qué esto se parece al problema de las megaconstelaciones, y por qué no
La discusión sobre satélites y cielo nocturno lleva años girando en torno a las estelas que dejan al reflejar el Sol, y sobre eso hay incluso un aforo calculado: ESO cifró en 100.000 el número de satélites que el cielo nocturno aguanta, con la condición de que ninguno sea visible a simple vista.
Los espejos orbitales cambian el planteamiento. Un satélite convencional molesta porque refleja luz sin querer; estos existirían para reflejarla, apuntada al suelo y con un cliente pagando por ello. La consecuencia es la que calculan Kocifaj, Bakos y Kundracik: el daño no es una raya en una fotografía de larga exposición, sino un trozo de cielo iluminado durante el rato que dure el servicio, con un radio de decenas de kilómetros y sin necesidad de que nadie encienda una sola farola debajo.