Una «exoluna» al menos tan masiva como Júpiter que no orbita un planeta

El Observatorio Europeo Austral (ESO) anunció el 22 de julio de 2026 la detección de un objeto que se comporta como una luna sin serlo: no gira alrededor de un planeta, sino alrededor de una enana marrón, en el sistema CD-35 2722, a unos 73 años luz de nosotros. Su masa mínima es de 0,9 veces la de Júpiter y tarda unos 170 días en completar una vuelta, según el artículo que el equipo publicó ese mismo día en Nature.

Si se confirma, sería el primer satélite detectado fuera del Sistema Solar. Y de momento nadie sabe cómo llamarlo, empezando por el equipo que lo ha encontrado.

Un sistema de tres pisos, y el objeto nuevo está en el tercero

El lío no es del lector: es del sistema. En CD-35 2722 hay tres cuerpos encajados uno dentro de otro, y ninguno de los tres cabe del todo en las palabras que usamos para el nuestro.

Arriba manda la estrella CD-35 2722, que tiene aproximadamente la mitad de la masa del Sol, según ESO. A su alrededor gira una enana marrón, esa clase de objeto que se queda a medio camino: demasiado masivo para ser un planeta y demasiado pequeño para mantener la fusión nuclear de una estrella. Y alrededor de esa enana marrón gira el objeto recién detectado.

Conviene subrayar el tercer piso, porque es justo donde se rompen las etiquetas: el objeto nuevo no orbita la estrella. Orbita algo que orbita la estrella.

Objeto Qué es Masa Gira alrededor de
CD-35 2722 Estrella Aproximadamente la mitad de la del Sol (ESO) ·
CD-35 2722 B Enana marrón Más de 30 veces la de Júpiter (ESO) La estrella
El exosatélite Objeto de masa planetaria Masa mínima de 0,9 veces la de Júpiter (Nature) La enana marrón

Hay una cifra que la nota de prensa deja redonda y la ilustración afina. El comunicado dice que la enana marrón tiene más de 30 veces la masa de Júpiter; el pie de la ilustración que ESO publica con la noticia concreta que son unas 37 veces la masa de Júpiter. Las dos cifras son compatibles y la segunda deja hacerse a la idea: entre la enana marrón y el objeto que la orbita hay un factor de unas cuarenta veces en masa, y ese factor es un techo, porque los 0,9 de la «luna» son un mínimo y no una medida cerrada.

¿Cómo se detecta una luna que nadie ha visto?

Aquí no hay ninguna fotografía del hallazgo, y eso es lo primero que hay que entender. El equipo usó el instrumento CRIRES+ del Very Large Telescope de ESO, en el desierto chileno de Atacama, y aplicó el método de la velocidad radial: en vez de buscar el objeto, buscó el bamboleo que el objeto le provoca a la enana marrón al tirar de ella.

Ese método tiene pedigrí. Es el mismo con el que se encontró el primer exoplaneta alrededor de una estrella de tipo solar, señalan los autores en su artículo, y es la primera vez que esa técnica da pruebas de satélites alrededor de una enana marrón compañera de una estrella, hasta donde el equipo sabe.

Lo que se ve y lo que no se ve en ese sistema lo resume el propio ESO en el pie de su imagen de amplio campo de esa zona del cielo: la estrella es el punto del centro, la enana marrón no aparece porque está incrustada en el resplandor de la estrella (aunque sí ha sido fotografiada directamente por otros telescopios), y la «luna» tampoco aparece. A la «luna» se la detectó por la fuerza gravitatoria que ejerce sobre la enana marrón, no por su luz.

De ahí viene la letra pequeña de la masa. El artículo habla de una masa mínima de unas 0,9 masas de Júpiter, y esas dos palabras cambian el sentido de la cifra: la velocidad radial solo mide el vaivén en la dirección de nuestra visual, así que el número que sale es un suelo. El objeto puede ser más masivo que eso; menos, no. ESO lo resume en su nota diciendo que el exosatélite es al menos tan masivo como Júpiter.

El mejor modelo del equipo le atribuye además un periodo orbital de unos 170 días. Ninguno de estos dos números está en el comunicado de prensa: los dos salen del resumen del artículo en Nature, que es de acceso libre aunque el texto completo sea de pago.

¿Es una exoluna? El debate está abierto y no es una discusión de palabras

El equipo llama al objeto exosatélite, y lo hace a propósito para no meterse en un jardín. «Este sistema es algo difícil de definir usando palabras basadas en nuestro Sistema Solar, como ‘planeta’ y ‘luna’», afirma Kevin Hoy, autor principal del estudio, en la nota de ESO.

El problema de fondo es que no existe una definición oficialmente aceptada de exoluna. Lo dice ESO en la nota al pie de su comunicado, y lo dicen los autores en el resumen de su artículo con todas las letras: el término carece de definición formal. Los propios investigadores admiten que no está claro si su exosatélite cumplirá unos criterios que, hoy por hoy, nadie ha fijado.

Y no es una pelea de etiquetas. Es que el objeto tiene masa suficiente para ser un planeta, pero no orbita una estrella; orbita algo que tampoco es un planeta ni una estrella. Alice Zurlo, directora del Núcleo del Milenio YEMS y coautora del trabajo, lo plantea así en el comunicado: en el Sistema Solar la frontera entre el Sol y los planetas es nítida y por eso definir una luna resulta fácil, mientras que en CD-35 2722 las líneas entre estrellas, planetas y lunas se difuminan.

¿Por qué no hay todavía ninguna exoluna confirmada?

Porque encontrar satélites de otros mundos es mucho más difícil que encontrar los mundos. Pese a los más de 6000 exoplanetas descubiertos hasta la fecha, no se ha detectado con seguridad ninguna exoluna: hay candidatas, pero les falta confirmación y siguen siendo discutidas, escriben los autores.

Hay un antecedente de hace unos meses, y también es de ESO. Un equipo dirigido por Quentin Kral observó el sistema estelar HD 206893 con el Interferómetro del Very Large Telescope y encontró indicios de un satélite, pero sin llegar a una detección firme.

Por eso el vocabulario del anuncio de julio está tan medido. Zurlo califica el resultado de primera detección plausible de un exosatélite, y ESO escribe que si se confirma, esta podría ser la primera «luna» descubierta fuera del Sistema Solar. Lo que hay sobre la mesa es lo que el propio equipo considera una evidencia sólida, no una confirmación.

¿Se puede ver desde España?

El exosatélite, no, y conviene decirlo sin rodeos: no es cuestión de tener un telescopio mejor. De este objeto no hay ninguna imagen, porque no se ha detectado por su luz sino por la gravedad con la que tira de la enana marrón. La enana marrón sí ha sido fotografiada directamente por otros telescopios, según ESO, pero en el cielo queda incrustada en el resplandor de su estrella.

Lo que sí puedes localizar es la dirección postal del hallazgo: la estrella. CD-35 2722 brilla en magnitud 11,1 en el visual según el catálogo SIMBAD (magnitud 10,2 en la banda G de Gaia), y es una estrella de tipo espectral M1Ve, de la familia de las enanas rojas. A esa magnitud no la vas a encontrar sin telescopio, y ni siquiera con él es un objeto vistoso: es un puntito más en un campo lleno de puntitos, así que hará falta una carta celeste para saber cuál de ellos es.

Está en Columba, la Paloma, una constelación austral que en España nunca sube mucho, y ahí llega la mala noticia de agosto: ahora mismo no se puede ver. El 13 de agosto de 2026, por ejemplo, la estrella pasó por su punto más alto sobre Madrid a las 10:57 de la mañana, con el Sol a 39 grados sobre el horizonte. Está en el cielo, sí, pero en el cielo diurno, y en las próximas semanas ese paso solo se adelanta unos minutos cada día.

La cita buena es el invierno. Estas son las horas a las que la estrella alcanza su altura máxima, que con un objeto tan bajo es el momento al que hay que apuntar:

Noche Culmina desde Madrid Culmina desde Tenerife
15 de noviembre de 2026 (madrugada) 03:48 03:39
15 de diciembre de 2026 (madrugada) 01:50 01:41
15 de enero de 2027 23:44 23:36
15 de febrero de 2027 21:42 21:34

La altura no cambia de una noche a otra: desde Madrid, la estrella nunca pasa de 13,8 grados sobre el horizonte sur, y desde Tenerife llega a 25,9 grados. Lo único que se mueve es la hora, que se adelanta unas dos horas cada mes.

Traducido a la práctica: a 13,8 grados, cualquier casa, loma, farola o calima por el sur te tapa la estrella, así que desde la Península esto es una observación de horizonte limpio y no de terraza urbana. Canarias juega con 12 grados de ventaja, que a estas alturas tan bajas es la diferencia entre intentarlo y conseguirlo.

¿Y cuánto rato la tengo disponible?

Poco, y ese es el otro problema de los objetos australes. En la noche del 15 de enero de 2027, desde Madrid, la estrella sale a las 20:17, culmina a las 23:44 y se pone a las 03:13 de la madrugada, pero solo está por encima de los 10 grados unas tres horas y media. Desde Tenerife, esa misma noche sale a las 19:09 y se pone a las 04:04, con unas seis horas y tres cuartos por encima de los 10 grados.

Horas de culminación, salida, puesta y alturas calculadas con Skyfield (efeméride DE421 del JPL) para Madrid (40,4168° N; 3,7038° O) y Tenerife (28,2916° N; 16,6291° O), en hora peninsular y hora canaria respectivamente, a partir de la posición de la estrella en el catálogo Gaia DR3. Alturas sin corregir por refracción atmosférica. Cómo calculamos.

Y sí, cuando por fin des con ella verás un punto rojizo y quieto, sin nada alrededor. Es lo honrado decirlo: lo que se ve es el sitio, no el hallazgo.

Qué falta para que esto sea «la primera exoluna»

Falta la confirmación, y falta que alguien decida cómo se llama lo que hay ahí. Las dos cosas van a tardar, y la segunda depende de una discusión que la comunidad astronómica todavía no ha cerrado.

Lo que no va a tardar tanto es la maquinaria. El próximo Telescopio Extremadamente Grande de ESO, con su espejo de 39 metros, permitirá detectar exolunas más pequeñas, según el observatorio, y ahí es donde el problema de las etiquetas se va a poner de verdad interesante: cuantos más sistemas raros aparezcan, menos servirán las palabras que inventamos mirando el nuestro.

Mientras tanto, el sistema CD-35 2722 ya ha conseguido algo poco común: obligar a trece autores a escribir en Nature que no saben qué nombre ponerle a lo que acaban de encontrar. El artículo completo, firmado por K. Hoy y su equipo en Nature, y la nota de prensa de ESO del 22 de julio están enlazados por si quieres ir a la fuente.

Si te interesan estas detecciones al límite de lo posible, hace unos días contamos otra del mismo telescopio: la compañera candidata de Betelgeuse que el VLT fotografió pegada a la supergigante. Y para no confundir dos cosas que se llaman igual, esto va de satélites naturales a 73 años luz; de los otros, los artificiales que nos pasan por encima cada noche, habla el cálculo de ESO sobre cuántos aguanta el cielo nocturno. Lo que se puede mirar estas noches, sin telescopio y sin bamboleos, lo tienes en nuestro repaso del cielo de agosto, y el archivo mensual completo, en el calendario del cielo.