Webb retrata una guardería estelar oculta tras el polvo de Orión

El telescopio espacial James Webb ha fotografiado OMC-2, un trozo de guardería estelar escondido tras el polvo de Orión, justo al norte de la nebulosa, a 1.280 años luz de la Tierra. En esa sola escena, que mide 2,5 años luz de lado a lado, hay estrellas en todas las fases de su nacimiento a la vez, desde embriones que aún no brillan hasta astros recién encendidos. La imagen es la Imagen del Mes de la ESA publicada el 5 de junio de 2026, y conviene decir cuanto antes lo que no es: no es lo que tú vas a ver esta madrugada si sacas el telescopio.

Qué región es esta y por qué está escondida

Orión es una fábrica de estrellas enorme. La nebulosa de Orión, catalogada como M42, es solo la parte que da a la cara: forma parte de una nube molecular gigante llamada Orión A, y la ESA describe todo el complejo como una zona de nubes de formación estelar de cientos de años luz de extensión.

Justo detrás de esa cara visible hay un filamento largo y masivo de gas y polvo frío, las Nubes Moleculares de Orión, dividido en cuatro partes con nombres poco imaginativos: OMC-1, OMC-2, OMC-3 y OMC-4. OMC-1 está inmediatamente detrás de M42; OMC-2 y OMC-3 quedan al norte, y OMC-4 al sur. Lo que retrata Webb es una porción pequeña del extremo norte de OMC-2.

Esa geografía explica el resto del artículo. OMC-2 no está lejos de la nebulosa que sí conoces: está pegada a ella y un poco por encima, tapada por el mismo gas y polvo de M42 que se interpone en el camino.

Qué se ve exactamente en la imagen

La escena entera abarca 2,5 años luz, según la ficha oficial del release en el archivo de ESA/Webb. Dicho de otro modo, y esto es lo que significa un año luz: a la luz le cuesta dos años y medio cruzar de lado a lado lo que ves en la foto.

Dentro de ese espacio caben todas las etapas del nacimiento de una estrella al mismo tiempo, y esa simultaneidad es justo lo que hace valiosa la imagen: los embriones estelares más jóvenes, los discos protoplanetarios (los anillos de material del que un día saldrán planetas) y estrellas de presecuencia principal recién estrenadas, es decir, las que aún no han llegado a la etapa adulta y estable que los astrónomos llaman secuencia principal.

Los rasgos más llamativos son los chorros. Una protoestrella se alimenta de gas que le cae encima a través de un disco giratorio, se calienta, y devuelve parte de esa energía en forma de dos chorros violentos que salen por sus polos. Esos chorros embisten el gas de alrededor a gran velocidad y lo calientan, y ahí es donde se forman las crestas rojas y afiladas que cruzan la imagen. Cuando veas una de esas crestas, estás viendo el escape de una estrella que aún se está formando, no la estrella.

Hay un detalle bonito para el que mire con calma: algunas protoestrellas están tan enterradas en polvo que no se ven ni en esta imagen. Se localizan por descarte, siguiendo hacia atrás el chorro que lanzan hasta el punto del que sale.

Por qué esta foto es naranja y verde (y no es el color del cielo)

La imagen se tomó con NIRCam, la cámara de infrarrojo cercano de Webb, con seis filtros que van de 1,87 a 4,8 micrómetros de longitud de onda. Ninguno de ellos capta luz visible, así que los colores de la foto no son los que vería un ojo humano: son una traducción, un código para representar en la pantalla información que nuestros ojos no recogen.

El motivo de trabajar en infrarrojo no es estético, es que en luz visible ahí no hay nada que ver. El gas y el polvo de M42 y de sus alrededores bloquean toda la luz visible que sale de OMC-2, y las nubes de la propia OMC-2 tapan las protoestrellas que interesan. «Solo en el infrarrojo vemos a estas protoestrellas empezar a brillar desde sus capullos de polvo», escribe la ESA en el texto que acompaña a la imagen.

Esta es la clave de lectura de los colores, según la explicación de la propia ESA:

Lo que ves en la imagen Lo que es en realidad
Manchas oscuras, de marrón a negro Polvo tan frío y denso que absorbe toda o casi toda la luz
Naranja, marrón y parte de los rojos Polvo más templado, que absorbe algo de luz y emite luz propia
Degradado de amarillo a verde Emisión de hidrocarburos aromáticos policíclicos (moléculas de carbono)
Brumas azules y cian Luz de estrellas y protoestrellas dispersada por granos de polvo
Crestas rojas brillantes y definidas Gas calentado por los chorros de las estrellas en formación

Un apunte de tamaño, por si te cruzas con otra cifra. La ficha del release da 6,69 × 3,93 minutos de arco de campo de visión a 1.280 años luz de distancia, y con esos dos datos la escena mide 2,5 años luz de ancho, que es lo que dice esa misma ficha. La página de la ESA que anunció la imagen dice en cambio 150 años luz: esa cifra no cuadra con el campo y la distancia que publica la propia agencia, porque para abarcar 150 años luz a esa distancia el campo tendría que medir unos 6,7 grados, sesenta veces mayor. La buena es 2,5.

Lo que tú puedes ver no es esto, es su vecina

Aquí está el punto que más se confunde cuando una imagen así circula. OMC-2 no es observable con equipo de aficionado, y no es cuestión de aumentos ni de cielo oscuro: es que en luz visible no llega prácticamente nada de esa región, porque el polvo se la queda entera. Sin un telescopio infrarrojo en el espacio, ahí no hay foto.

Lo que sí está a tu alcance es su vecina, M42, que es otro objeto y está más al sur. Es la nebulosa que la NASA sitúa a 1.500 años luz, con una magnitud aparente de 4,0, y describe como la región grande de formación estelar más cercana a la Tierra. «Puedes localizar a Messier 42, más conocida como la nebulosa de Orión, a simple vista desde un lugar de cielo oscuro», resume la NASA en su ficha del objeto.

Ojo con las dos distancias, que son de fuentes distintas y de objetos distintos: los 1.280 años luz son los de OMC-2 según la ESA, y los 1.500 son los de M42 según la NASA. Pertenecen al mismo complejo de Orión, pero ni son la misma medida ni la da el mismo equipo.

Para encontrarla en el cielo no hace falta carta celeste: M42 está justo debajo del cinturón de Orión, esas tres estrellas alineadas y seguidas que se reconocen de un vistazo en el cielo de invierno. A simple vista, desde un sitio oscuro, es una manchita difusa; el detalle que enseña la NASA en su ficha, el nacimiento de estrellas, es lo que aparece con telescopio.

¿Se ve la nebulosa de Orión desde España en agosto?

Poco y mal, y conviene decirlo con números en vez de con adjetivos. Orión es una constelación de invierno: en agosto sale de madrugada, y cuando por fin está a una altura decente el cielo ya se está aclarando.

Estas son las cifras desde Madrid. La columna que importa es la última: la altura máxima que alcanza M42 mientras el cielo sigue siendo de noche cerrada, y la hora a la que ocurre.

Madrugada Acaba la noche astronómica Mejor momento para M42 Altura en ese momento
31 de agosto de 2026 06:04 06:04 (el último instante de noche cerrada) 27°
30 de septiembre de 2026 06:39 06:39 (el último instante de noche cerrada) 43°
31 de octubre de 2026 06:11 04:14 44°
30 de noviembre de 2026 06:40 02:16 44°
15 de enero de 2027 06:59 23:14 de la víspera 44°

Lo que cuenta esta tabla no es que Orión suba más en invierno. Sube exactamente igual: 44 grados es el techo de M42 desde Madrid, y no lo pasa nunca. Lo que cambia es la hora a la que llega ahí, que va corriendo desde el amanecer hasta antes de medianoche conforme avanzan el otoño y el invierno.

En agosto, además, ni siquiera alcanza ese techo. La madrugada del 31 de agosto M42 está a 5 grados a las 04:00 y a 16 grados a las 05:00, ambas alturas pegadas al horizonte del este, donde cualquier casa, loma o calima te la tapa. Su mejor momento de esa noche son las 06:04, a 27 grados y con el cielo empezando a clarear.

Traducido a instrucción: si quieres verla ya, mira al este-sureste justo antes de que amanezca, y no esperes gran cosa. Si quieres verla bien, la cita es a partir de finales de octubre, cuando el mejor momento se sitúa a las 04:14 y a 44 grados. La NASA lo resume en su ficha sin rodeos: la mejor época para observarla es enero.

¿Y desde Canarias?

Mejor, y esta vez la diferencia es grande. Desde Tenerife M42 tiene un techo de 56 grados, doce más que desde Madrid, porque el archipiélago está doce grados más al sur y la nebulosa queda algo por debajo del ecuador celeste.

La madrugada del 31 de agosto, la noche astronómica termina en Tenerife a las 06:23 (hora canaria) y M42 está en ese instante a 38 grados, once grados más alta que en Madrid en su mejor momento de esa misma noche. El 30 de septiembre llega a 56 grados a las 06:40, ya en su techo, y a partir del 31 de octubre alcanza esos 56 grados a las 04:04, a una hora bastante más civilizada.

Alturas, azimuts y noche astronómica calculados con Skyfield (efeméride DE421 del JPL) para Madrid (40,4168° N; 3,7038° O) y Tenerife (28,2916° N; 16,6291° O), en hora peninsular y hora canaria respectivamente. Alturas sin corregir por refracción atmosférica; noche astronómica con el Sol a más de 18 grados bajo el horizonte. Las horas se dan al minuto y sin redondear al alza, para que la hora publicada caiga siempre dentro de la noche astronómica y no un pelo después. Cómo calculamos.

Para qué sirven estos datos, más allá de la foto

La imagen no se tomó para hacer una postal. Los datos se recogieron en el programa de observación número 5804, cuyo objetivo es estudiar la formación estelar en OMC-2 y en su vecina inmediata, OMC-3.

El interés de estas nubes es la distancia: la ESA subraya que, por estar tan cerca de la Tierra, son un laboratorio excelente para aprender sobre las primerísimas etapas de la evolución estelar. Y enumera tres preguntas concretas que los astrónomos van a atacar con estos datos: cómo afectan a la formación de estrellas los muchos chorros de la zona, cómo cambia la emisión ultravioleta de las estrellas jóvenes la química de los discos que algún día formarán planetas, y cómo cae el gas y el polvo sobre las decenas de protoestrellas de la región.

Esa segunda pregunta es la que más nos toca de cerca: los discos de los que habla son el equivalente, hace 4.500 millones de años, del disco del que salió el Sistema Solar. Lo que Webb está mirando en Orión es una versión de nuestro propio origen, con la ventaja de poder verla desde fuera.

Cómo aprovechar la imagen si te gusta el detalle

El fichero original que publica ESA/Webb mide 12.846 × 7.556 píxeles, así que la versión que se ve en pantalla es una miniatura de lo que hay. Merece la pena abrir la ficha del release y ampliar: los chorros que en pequeño son manchas rojas se convierten en estructuras con forma, y aparecen los detalles finos de las ondas de choque y los chorros pequeños de las protoestrellas más jóvenes, que es justo lo que la ESA invita a buscar en la imagen.

Y si lo que quieres es mirar por ti mismo en vez de por el telescopio, el plan es el de arriba: paciencia hasta el otoño, cinturón de Orión como referencia, y la manchita justo debajo. Estas noches hay cosas más agradecidas: las tienes en el repaso del cielo de septiembre, y el archivo mensual completo vive en el calendario del cielo. De la misma constelación salió hace poco otra historia con telescopio grande de por medio: la compañera candidata de Betelgeuse, fotografiada con el VLT. Y si te gusta comparar lo que consiguen los distintos observatorios, aquí está el retrato del bulbo de la Vía Láctea que hizo el telescopio Euclid.