Eclipse del 12 de agosto: qué fue a medir la NASA

Mientras en España se miraba al cielo el 12 de agosto de 2026, un avión de la NASA despegaba de Islandia para fotografiar la corona solar con una cámara montada en el morro. No fue el único experimento: el plan que la NASA anunció el 27 de julio incluía globos científicos en Islandia y en España, y una campaña entera pensada para aprovechar los pocos minutos en que se puede mirar al Sol sin que su disco moleste.

Lo que sigue es lo que esas agencias se fueron a medir, quién estaba detrás y desde dónde. Con un aviso por delante, porque cambia cómo hay que leerlo todo: de aquel eclipse hay imágenes publicadas, pero todavía no hay resultados científicos.

Qué se ha publicado hasta ahora, y qué no

El 12 de agosto, el mismo día del eclipse, el Scientific Visualization Studio de la NASA publicó una galería con el material de la campaña. Lo que muestra la totalidad es un vídeo, y su pie dice exactamente esto: el avión WB-57 de la NASA captó el eclipse total del 12 de agosto de 2026 desde los cielos de Islandia, y las vistas las tomó SAMI, una cámara del morro del avión que se usa para estudiar la corona del Sol.

Conviene subrayar el «desde Islandia», porque es fácil dar esa imagen por española, y no se tomó aquí. El resto de la galería es preparación en tierra: el despegue desde el aeropuerto de Keflavik, el equipo del avión y los globos del Nationwide Eclipse Ballooning Project en Mosfellsbær, también en Islandia.

Imágenes, entonces, sí. Resultados, no. Los objetivos científicos que se cuentan más abajo salen de dos anuncios anteriores al eclipse: el de la NASA del 27 de julio de 2026 (actualizado el 30) y el de la ESA del 23 de julio. Son el plan, no el balance. Aquí se citan como tal, con su fecha a la vista, y cuando algo se da por hecho es porque lo confirma la galería posterior al eclipse.

El avión que iba a perseguir la sombra

El instrumento se llama SAMI, siglas de SCIFLI Multispectral Airborne Imager, y lo desarrolló el equipo SCIFLI del Centro de Investigación Langley de la NASA, en Hampton (Virginia). Según el anuncio del 27 de julio, en el cono del morro del WB-57 viaja un conjunto de cuatro cámaras que fotografían la corona en varias longitudes de onda de luz visible e infrarroja, a un ritmo de al menos 20 imágenes por segundo.

Ese ritmo no es capricho: lo que se busca registrar son estructuras, flujos de salida y cambios rápidos en la corona, según el mismo anuncio. Al menos veinte imágenes por segundo es la resolución temporal que hace falta para que un cambio de una fracción de segundo quede registrado.

No es la primera vez. La NASA explicó que SAMI ya voló en un WB-57 durante el eclipse total del 8 de abril de 2024, y que para 2026 el equipo preparaba mejoras aprendidas entonces: ajustar los tiempos de exposición, porque en 2024 los detalles brillantes salieron sobreexpuestos, y usar software desarrollado desde entonces para procesar y analizar los datos antes que la vez anterior. El experimento lo financia el programa Heliophysics Low Cost Access to Space de la agencia.

El investigador principal del estudio es Amir Caspi, del Southwest Research Institute de Boulder (Colorado). «El Sol cambia constantemente. Cada eclipse es distinto», dijo Caspi en el anuncio de la NASA previo al eclipse.

¿Por qué volar, si desde el suelo se veía igual?

Porque no se veía igual, y la NASA dio tres razones concretas, todas medibles.

La primera es el tiempo. Desde tierra, lo máximo que alguien podía ver la corona el 12 de agosto eran 2 minutos y 18 segundos, según la NASA. Volando a lo largo de la franja del eclipse a 460 millas por hora (unos 740 kilómetros por hora), la previsión era que la vista de la corona desde el avión durase casi tres minutos. Es lo que la NASA llama perseguir la sombra de la Luna: volando a lo largo del recorrido del eclipse, el avión estira el tiempo que las cámaras pueden observar la corona.

La segunda son las nubes. El plan era volar a 50.000 pies (unos 15 kilómetros), por encima de cualquier nube que pudiera estropear la vista desde el suelo. En un fenómeno que dura dos minutos y no se repite, una nube mal puesta lo estropea todo, y volar por encima del tiempo atmosférico es la manera de que el resultado no dependa del azar.

La tercera es la menos evidente. A esa altitud, las cámaras pueden observar longitudes de onda infrarrojas que la atmósfera baja absorbe antes de que lleguen al suelo. La NASA precisó que la corona solo se ha observado en esas longitudes de onda unas pocas veces. Es decir: parte de lo que se planeaba grabar no se podía grabar desde ningún punto de España por despejado que estuviera el cielo, porque el obstáculo no es la nubosidad, sino el aire que hay por encima.

Qué se busca exactamente en la corona

La corona es la atmósfera exterior del Sol, y solo se deja ver a simple vista durante la totalidad. Los objetivos declarados por la NASA para estas imágenes son tres.

Uno, entender mejor cómo se forman las protuberancias, que es material solar que queda suspendido sobre la superficie del Sol. Dos, entender la corona y cómo se calienta hasta casi un millón de grados, que es el problema de fondo y que la NASA sigue listando entre lo que falta por entender. Y tres, investigar qué relación hay entre el material de la corona y el viento solar, el flujo de partículas que sale del Sol y recorre el sistema solar.

Esa tercera pregunta es la que conecta el eclipse con la vida diaria, y así lo planteaba la propia agencia al presentar la campaña: el Sol influye en el día a día, en los satélites y en los astronautas que están en el espacio, y un eclipse total es la ocasión de entender mejor esa influencia, en palabras de Kelly Korreck, responsable del programa de eclipses en la sede de la NASA en Washington.

Los globos: qué le pasa al aire cuando se apaga el Sol de golpe

La otra mitad de la campaña iba por abajo. El Nationwide Eclipse Ballooning Project, financiado por la NASA y dirigido por Angela Des Jardins en la Universidad Estatal de Montana, enviaba, según el anuncio del 27 de julio, estudiantes de varias universidades estadounidenses a Islandia y a España para lanzar globos científicos antes, durante y después del eclipse.

En Islandia, dos equipos tenían previsto lanzar 80 globos en total, empezando 18 horas antes del eclipse y terminando ocho horas después. Lo que estudian es la capa límite, la parte de la atmósfera que toca el suelo y cuyo grosor cambia con la temperatura de la superficie y la humedad del aire.

Hay un antecedente concreto: en los eclipses de octubre de 2023 y abril de 2024, los vuelos de globos mostraron que la capa límite se colapsaba, es decir, perdía grosor, en los lugares con cielo despejado, pero no donde estaba nublado. La duda que llevaban a Islandia era si allí pasaría lo mismo, porque los cambios de la capa límite los manda el ciclo día-noche y en Islandia, en agosto, los días son largos y las noches cortas.

El plan para España: seis globos con cámaras de 360 grados

La parte española de este proyecto tenía otro guion. Según el anuncio de la NASA, en España tres equipos de globos iban a lanzar seis globos en total, equipados con cámaras de 360 grados para fotografiar la sombra del eclipse vista desde arriba, y con instrumentos para medir el nivel de ozono en la atmósfera.

Lo del ozono tiene una lógica bonita: el ozono necesita luz solar para formarse. Si la luz se corta durante unos minutos, cabe esperar que su cantidad baje, y eso es justo lo que midieron experimentos parecidos durante la totalidad de abril de 2024. La pregunta que traían a España es si aquí saldría distinto, precisamente porque este eclipse ocurrió a una hora más tardía del día y en otra estación del año.

Ese detalle es el que convierte a España en algo más que un mirador. La hora importa: la propia ESA programó su directo del eclipse a partir de las 19:30 CEST, o sea, con la tarde muy avanzada, y esa es una condición de partida distinta a la de un eclipse de mediodía. Si el ozono se comporta aquí de otra manera, el dato tendría que salir de esos seis globos.

Qué anunció la ESA, y desde dónde exactamente

La Agencia Espacial Europea anunció el 23 de julio la parte pública del eclipse en España, y conviene aclarar un lío de sitios que arrastra su propia página. La ESA, junto con la ciudad de León y la Universidad de León, organizaba un acto público gratuito en el Palacio de Exposiciones y Congresos de León. Pero la retransmisión en directo no estaba prevista desde León: iba a salir del Observatorio Astrofísico de Javalambre, en Teruel, en inglés, en ESA Web TV y YouTube a partir de las 19:30 CEST del 12 de agosto.

Son dos cosas distintas en dos provincias distintas, y la confusión es fácil porque la página de la ESA se titula «en León» y nombra Javalambre en el cuerpo. Quien busque el detalle del programa y de los horarios lo tiene en la crónica de lo que se vio desde España, que es donde vive esa información en esta casa.

La imagen que quedó de España

De la jornada española, la fotografía que publicó la NASA se tomó en San Millán de los Caballeros, una de las localidades españolas desde las que se vio la totalidad. Su crédito es «NASA/Bill Ingalls», y es la imagen que encabeza este artículo.

El pie oficial recuerda además el alcance del fenómeno: la totalidad barrió partes de Groenlandia, Islandia, el norte de Rusia, el océano Atlántico, España y una pequeña esquina de Portugal, y el eclipse parcial se vio en parte de Estados Unidos, en la mayor parte de Canadá, en buena parte de Europa y en el noroeste de África.

¿Cuándo se sabrá algo?

No hay fecha anunciada, y prometerla sería inventarla. La única pista pública sobre plazos es la que dio el propio equipo de SAMI antes de volar: que contaban con software nuevo para procesar y analizar los datos antes de lo que tardaron en 2024. Nada más.

Así que el balance honesto a día de hoy es este: hay un vídeo de la corona tomado desde un avión sobre Islandia, hay una campaña de globos que la NASA fotografió montando en Islandia y que su anuncio previo situaba también en España, y hay una lista de preguntas (cómo se calienta la corona, cómo se forman las protuberancias, qué le pasa a la capa límite y al ozono cuando la luz se corta a media tarde) que tardarán en tener respuesta. Cuando la tengan, será con su fuente y su fecha.

Mientras tanto, el calendario no se acaba aquí: la ESA agrupa los eclipses solares de 2026, 2027 y 2028 visibles desde la península ibérica como un trío, y del siguiente ya tenemos ficha propia en la franja de totalidad del 2 de agosto de 2027. Si el 12 de agosto te quedaste con ganas, ahí hay una segunda oportunidad.

Y si lo tuyo son los detalles raros de un eclipse, en su día contamos qué son las bandas de sombra y cómo grabarlas. Para lo demás, en qué queda de cielo en agosto está lo que aún se puede mirar este mes.