Este evento ya ha pasado. La posición de los planetas, ciudad por ciudad
El 14 de septiembre la Luna se cruzó por delante de Venus y lo escondió alrededor de una hora. Pasó a mediodía, con el Sol muy alto, así que no fue un plan de terraza: fue un apunte de telescopio. Desde Madrid el momento que importó fue la reaparición, a las 12:22 hora peninsular.
Hubo ocultación en toda la península y en Baleares. En Canarias no la hubo: allí la Luna pasó cerca de Venus, pero no llegó a taparlo.
Qué ocurrió exactamente ese día
Una ocultación es lo que su nombre dice: la Luna se pone por delante de un objeto mucho más lejano y lo tapa con su disco. El 14 de septiembre le tocó a Venus, y desde Madrid el planeta se metió detrás del borde lunar a las 11:27 y volvió a asomar a las 12:22, según nuestro cálculo con la efeméride DE421 del JPL.
Venus no se apaga de golpe, como haría una estrella. Ese día medía 36,7 segundos de arco de diámetro aparente, un dato que confirmaba el sistema Horizons del JPL de la NASA, y la Luna se separaba de él a 22,4 segundos de arco por minuto: el planeta tardó un minuto y treinta y ocho segundos en salir entero por detrás del disco. Se vio salir, no aparecer.
¿Cómo se pudo ver algo a mediodía?
Porque los dos protagonistas aguantan la luz del día. Venus estaba en magnitud −4,76 el 14 de septiembre según JPL Horizons, y la NASA lo resume en su ficha oficial del planeta: es “the third brightest object in the sky after the Sun and Moon”, el tercer objeto más brillante del cielo después del Sol y la Luna.
Ese brillo tiene una explicación de calendario. Venus ya pasó por su máxima separación del Sol, que fue lo que contamos cuando alcanzó su máxima elongación, y venía de vuelta hacia nosotros: el 14 de septiembre estaba a 0,454 unidades astronómicas de la Tierra y nos enseñaba solo el 29,2 % de su cara iluminada. Poca porción encendida, pero muy cerca: de ahí que su disco midiera esos 36,7 segundos de arco.
La Luna, en cambio, era un creciente delgado: el 12 % iluminado, porque la luna nueva cayó tres días antes, el 11 de septiembre.
Las horas, sitio por sitio
Estas fueron las horas de referencia. La península y Baleares iban en hora peninsular; Canarias, en hora canaria.
| Lugar | Sale la Luna | Venus se esconde | Venus reaparece | Altura de la Luna al reaparecer | Altura del Sol |
|---|---|---|---|---|---|
| Madrid | 11:32 | 11:27 (aún bajo el horizonte) | 12:22 | 7,6° | 45,5° |
| Barcelona | 11:09 | 11:26 | 12:28 | 11,8° | 48,0° |
| Tenerife | 11:03 | · | · | · | · |
Calculado con Skyfield (efeméride DE421 del JPL) para Madrid (40,4168° N; 3,7038° O), Barcelona (41,3874° N; 2,1686° E) y Tenerife (28,2916° N; 16,6291° O), cada uno en su hora local. Alturas sin corregir por refracción atmosférica y separaciones topocéntricas, las que ve un observador desde la superficie. Cómo calculamos. «Venus se esconde» es el instante en que el planeta empieza a entrar detrás del disco, y «Venus reaparece», aquel en que asoma su primer borde. Las celdas con interpunto son las de Tenerife, donde no hay ocultación que cronometrar.
Tres sitios no son un país. Si quieres el horario de la tuya, y de paso saber en qué andaba el resto de planetas esos días, está la situación de los planetas ciudad por ciudad.
La entrada casi nadie la vio
Aquí estuvo la trampa de este evento. Desde Madrid, cuando la Luna asomó por el este-sureste a las 11:32, Venus ya llevaba cinco minutos escondido: empezó a entrar detrás del disco a las 11:27, con la Luna todavía 1,3 grados por debajo del horizonte, y quedó tapado del todo a las 11:29. La pareja salió del horizonte con la faena ya hecha.
Hacia el este sí se pudo intentar, con reservas, y no fue cuestión de mitades sino de longitud: cuanto más al este, antes salía la Luna y más margen quedaba. En Barcelona la Luna salió a las 11:09 y Venus se escondió a las 11:26, con la Luna a 2,2 grados de altura. De los cinco sitios que calculamos, el mejor colocado fue Mahón: la Luna a 4,3 grados; en Valencia se quedaba en 1,4, que era apurar mucho, y en Bilbao ya no llegaba: allí la entrada ocurrió con la Luna todavía 2,1 grados por debajo del horizonte, igual que en Madrid.
Aun así eran alturas de nada: ocho diámetros lunares y medio en Mahón, poco más de cuatro en Barcelona y menos de tres en Valencia, con tejados, montañas y toda la atmósfera baja de por medio.
El plan realista, en toda España, era esperar a la reaparición y no a la entrada.
¿Y desde Canarias?
Desde Canarias no hubo ocultación, y conviene decirlo por si alguien llega ahora a esta página buscando el mismo plan. En Tenerife la Luna y Venus se acercaron como máximo a 0,384 grados, y el radio aparente del disco lunar era de 0,254 grados: Venus pasó por fuera, sin llegar a taparse.
Ese acercamiento máximo ocurrió además con la pareja todavía bajo el horizonte, a las 10:51 hora canaria. Cuando la Luna salió, a las 11:03, Venus ya se estaba separando y quedaba a 8,6 minutos de arco del borde lunar, algo más de una cuarta parte del ancho de la Luna. Fue una pareja muy apretada y vistosa, pero no fue una ocultación.
Lo comprobamos en Tenerife, en Las Palmas y en El Hierro: en los tres la separación mínima se quedaba entre 0,38 y 0,40 grados, por encima del radio del disco lunar.
Cómo se miró, y la advertencia que tocó
El Sol estaba a 45,5 grados de altura cuando Venus reapareció, y la Luna quedaba a 41,4 grados del Sol. Fue una distancia cómoda, pero no es un juego: no hay que barrer el cielo con prismáticos ni con telescopio en dirección al Sol. Lo prudente es colocarse a la sombra de un edificio que tape el Sol y buscar desde ahí.
El método era sencillo: bastaba con localizar primero la Luna, que era el objeto grande, centrarla y esperar a Venus en su borde. Y un detalle que ahorraba disgustos: Venus reapareció por el lado iluminado del creciente, no por el oscuro, así que asomó pegado a la parte brillante.
Hace falta óptica. A 7,6 grados de altura, la luz de Venus atravesaba unas 7,6 veces más aire que si el planeta hubiera estado en la vertical (con la aproximación habitual, uno dividido entre el seno de la altura), y ese trayecto, sobre el azul de un cielo de mediodía, se llevaba por delante buena parte de lo que en otras condiciones habría sido un punto evidente. Unos prismáticos bien apoyados sirven; un telescopio, mejor.
El premio, para quien lo pilló, fue doble: Venus también era un creciente ese día, del 29,2 %. Un creciente pequeño saliendo de detrás de otro creciente enorme.
Si te lo perdiste, la siguiente es en 2031
Buscamos con la misma efeméride todas las ocultaciones de Venus por la Luna entre el 15 de septiembre de 2026 y el final de 2031. Salen cuatro, y tres no se ven desde España: las del 30 de marzo de 2028, el 25 de mayo de 2028 y el 26 de marzo de 2031 ocurren con la Luna por debajo del horizonte, tanto desde Madrid como desde Tenerife.
La que sí se verá es la del 13 de septiembre de 2031. Vuelve a ser de día, pero está mucho mejor colocada, y la diferencia se ve comparando contacto con contacto. Sobre Madrid la Luna estará a 61 grados de altura cuando Venus se esconda y a 54,6 cuando reaparezca: los dos contactos, y los dos altos. En 2026 solo hubo uno, porque la entrada cayó con la Luna bajo el horizonte y la reaparición se vio a 7,6 grados. Y entonces Canarias entra en el reparto, con la Luna a 70 grados sobre Tenerife en la entrada y todavía más alta en la salida.
Dicho de otro modo: la del 14 de septiembre fue incómoda, baja y a deshora, pero fue la única en cinco años.
El resumen, en una línea
El 14 de septiembre, unos minutos antes de las 12:22 en Madrid (12:28 en Barcelona), tocaba apuntar unos prismáticos o un telescopio a la Luna, que estaba baja por el este-sureste, y vigilar su borde iluminado: Venus salió por ahí en minuto y medio. Desde Canarias no hubo ocultación que esperar, solo una pareja muy junta al salir la Luna.
No fue el primer encuentro que ese mes se fue a las horas centrales del día: ya había pasado con el acercamiento de la Luna a las Pléyades del día 3, que también cayó de día. El resto de citas del mes, con sus horas, está en el repaso de qué mirar en septiembre.