3I/ATLAS: ESO lo sitúa a más del doble de edad que el Sol

El Very Large Telescope de ESO ha medido las proporciones de isótopos de carbono y de nitrógeno en un cometa nacido fuera del Sistema Solar, 3I/ATLAS: la del nitrógeno es la primera que se mide en un cometa interestelar, y las dos salen muy por encima de la media de los cometas de casa. La lectura del equipo es que el cometa se formó en las afueras de un sistema planetario, alrededor de una estrella vieja y pobre en metales: las pruebas reunidas por los distintos equipos apuntan, según ESO, a que 3I/ATLAS tiene más del doble de antigüedad que el Sol.

Conviene decir lo otro de entrada, porque es la primera pregunta que hace cualquiera: no hay nada que salir a mirar. La madrugada del 15 de agosto de 2026 el cometa está a 1.652 millones de kilómetros de la Tierra y brilla en magnitud 22,3, terreno de telescopios profesionales.

Qué ha medido exactamente el VLT

3I/ATLAS es el tercer objeto interestelar descubierto, después de 1I/ʻOumuamua y 2I/Borisov. Con los dos primeros la química se quedó a medias: en 1I no se detectó gas y 2I era demasiado débil, según explica la nota de prensa de ESO del 6 de julio. Este tercero llegó lo bastante brillante y con tiempo de sobra por delante.

Lo descubrió el sondeo ATLAS en julio de 2025, cuando venía hacia el Sol a unas 5 unidades astronómicas y ya estaba activo, varios meses antes de su paso por el perihelio, el 29 de octubre de 2025. Esa antelación es la que permitió montar un programa serio de observación.

El equipo que dirigen Cyrielle Opitom (Universidad de Edimburgo), Jean Manfroid y Damien Hutsemékers (Universidad de Lieja) observó el cometa con el espectrógrafo UVES, instalado en la Unidad 2 del VLT, entre el 6 y el 26 de diciembre de 2025, bajo el programa 115.28NL.003. Usaron una rendija de 0,6 segundos de arco, que da un poder resolutivo cercano a 60.000. El resultado se publicó en Nature Astronomy (doi:10.1038/s41550-026-02921-7).

Lo que midieron no fue de qué está hecho el cometa, sino algo más fino: en qué proporción aparecen las distintas versiones de un mismo elemento dentro de una sola molécula, el cianuro (CN) del gas que rodea al núcleo.

Por qué un isótopo delata dónde nació un cometa

Un isótopo es el mismo elemento con distinto número de neutrones. El carbono de la vida corriente es carbono-12, y una pequeña parte es carbono-13, algo más pesado. Con el nitrógeno pasa igual: casi todo es nitrógeno-14 y una fracción pequeña es nitrógeno-15.

La gracia está en que la proporción entre el ligero y el pesado depende de las condiciones físicas del sitio donde se formó el hielo, sobre todo de la temperatura y de la radiación que llegaba allí. Y, según ESO, no se espera que esa proporción cambie mucho durante el viaje del cometa por el espacio. Es decir: es una huella de nacimiento que aguanta miles de millones de años de trayecto.

Los autores se toman en serio la pega seria de ese razonamiento. Un objeto que lleva miles de millones de años en el espacio interestelar tiene la superficie procesada por los rayos cósmicos, así que el gas que sale de ella podría no ser representativo. Su respuesta es una cifra: en el paso por el perihelio, integrando la producción de agua, calculan que el cometa perdió al menos 5 metros de capa superficial, sobre un núcleo de 1,3 ± 0,2 kilómetros de radio. Sus observaciones son todas posteriores a ese perihelio, así que el gas medido viene probablemente de capas más profundas, sin procesar.

Los dos números, y con qué se comparan

Estas son las dos proporciones medidas en 3I/ATLAS y los valores con los que el propio artículo las compara:

Proporción En 3I/ATLAS Cometas del Sistema Solar Otras referencias
carbono-12 / carbono-13 151 (+110 / -44) media en torno a 90, de 65 a 100 69 ± 6 en el medio interestelar local
nitrógeno-14 / nitrógeno-15 363 (+633 / -153) media en torno a 150 274 ± 18 en el medio interestelar · 458,7 ± 4,2 en el Sol

Valores de Opitom et al., Nature Astronomy. Las incertidumbres son las de 3 sigma del ajuste por cadenas de Markov (MCMC) que dan los autores.

La medida del nitrógeno es la primera de este tipo en un cometa interestelar. La proporción entre nitrógeno-14 y nitrógeno-15 de 3I/ATLAS es del orden del doble de la que se mide en los cometas de casa, y queda cerca del valor solar. El del carbono también es más alto que el de los cometas conocidos y que el del medio interestelar local.

Ahora la letra pequeña, que no siempre se cuenta: esas barras de error son enormes. El margen superior del nitrógeno (+633) es casi el doble del valor central, y el del carbono (+110) supera los dos tercios. Los propios autores las dan a 3 sigma, que es el criterio más exigente de los tres habituales. Lo que sostienen es una comparación cualitativa firme, no una cifra fina.

De «poco carbono-13» a «más viejo que el Sol»

El salto del dato a la conclusión tiene tres escalones, y merece la pena verlos separados.

El primero es galáctico. El carbono-13 se fabrica en las estrellas y se va acumulando en la Galaxia con el tiempo, por ejemplo en el ciclo CNO de las estrellas de la rama asintótica gigante. Cuanto más joven es el material del que nace un sistema, más carbono-13 lleva. Los autores lo apoyan además en un gradiente medido: hacia el centro de la Vía Láctea las proporciones entre carbono-12 y carbono-13 bajan a 20-25, y hacia las afueras suben hasta unos 130, siguiendo el mismo patrón que la metalicidad.

El segundo escalón es la conclusión del artículo, en sus propias palabras: «estas medidas son compatibles con un origen de 3I en el disco exterior alrededor de una estrella vieja y pobre en metales» (traducción propia del resumen en Nature Astronomy). Una estrella pobre en metales es la que tiene pocos elementos más pesados que el helio, y se cree que se formó cuando el universo era mucho más joven.

El tercer escalón es el que pone el número, y no lo pone el artículo del VLT: lo pone ESO en su nota, y lo atribuye al conjunto de los trabajos publicados sobre 3I/ATLAS, incluido el de Martin Cordiner y su equipo, publicado en Nature, que con datos del telescopio espacial James Webb encontró una proporción de carbono parecida y niveles altos de deuterio. Es ahí donde aparece la frase de que el cometa tiene más del doble de antigüedad que el Sol.

Merece la pena subrayarlo porque cambia cómo hay que leer el titular: ni la nota de ESO ni el artículo de Opitom et al. dan una edad en años para 3I/ATLAS. La comparación se hace siempre contra el Sol, y en el artículo científico la edad ni siquiera aparece como cifra, solo como remisión a dos trabajos de modelización publicados en 2025 sobre la población de objetos interestelares y sobre la edad cinemática de este.

Como resume Rosemary Dorsey, coautora e investigadora de la Universidad de Helsinki, en la nota de ESO, 3I/ATLAS permite investigar la composición de otro sistema planetario, «uno que se formó mucho antes de que existieran nuestro Sol y nuestro Sistema Solar».

¿Se puede ver 3I/ATLAS desde España?

No, y no es una cuestión de material ni de cielo oscuro. Estas son sus cifras de esta madrugada, consultadas por nosotros en el servicio de efemérides del JPL:

3I/ATLAS el 15 de agosto de 2026 a las 02:00 Valor
Distancia al Sol 10,23 au (1.530 millones de km)
Distancia a la Tierra 11,04 au (1.652 millones de km)
Magnitud total (coma incluida) 22,3
Separación aparente respecto al Sol 35 grados, por delante de él
Dónde está Géminis · A.R. 07h 12m · Dec. +19° 35′
Velocidad de alejamiento del Sol 58,8 km/s

Consultado por nosotros en JPL Horizons (NASA/JPL) el 14 de agosto de 2026, solución orbital JPL#54, para Madrid, en hora peninsular. Alturas y posiciones sin corregir por refracción atmosférica. Cómo calculamos.

La cifra que decide es la magnitud. Para situar el 22,3: ESO explica en la ficha del VLT que uno solo de sus telescopios de 8,2 metros alcanza objetos de magnitud 30 en una hora de exposición, y que eso equivale a ver cosas cuatro mil millones de veces más débiles que a simple vista. El cometa está hoy dentro de ese rango profesional y muy lejos del de unos prismáticos.

Desde Canarias tampoco, y conviene decirlo porque muchas veces sí cambia: el brillo de un objeto no depende del sitio desde el que se mire. La magnitud 22,3 es la misma en Tenerife que en Madrid.

Por si alguien tiene curiosidad de dónde anda: sale antes que el Sol, a 35 grados de separación de él, y a las 06:00 de la hora peninsular está a 14 grados de altura sobre Madrid. Esa separación angular respecto al Sol, la elongación, es la misma cantidad que decide si un planeta interior se deja ver o se pierde en el resplandor, como cuenta la pieza sobre la mayor separación de Venus respecto al Sol de este año.

Lo que sí se ve estas noches, que es bastante, está en la guía del cielo de agosto.

Por qué 3I/ATLAS no va a volver

Una órbita cerrada tiene una excentricidad menor que 1: el objeto da la vuelta y regresa. La de 3I/ATLAS, en la solución vigente del JPL, es de 6,14. No es que sea una órbita muy alargada: es que es abierta. Horizons, de hecho, no da ni periodo ni afelio para este objeto, porque no existen.

Su punto más cercano al Sol lo pasó el 29 de octubre de 2025, a 1,36 unidades astronómicas, unos 203 millones de kilómetros. Hoy se aleja a 58,8 kilómetros por segundo, más de 200.000 kilómetros por hora, y el Sol ya no puede retenerlo.

Un dato que da la medida de lo rápido que se ha ido: 3I/ATLAS está hoy más lejos del Sol que Saturno. El cometa, a 10,23 unidades astronómicas; Saturno, ese mismo día, a 9,45. Del perihelio a hoy han pasado menos de diez meses.

Lo que ya no se va a poder medir

ESO avisa en la nota de que, según el cometa se aleja y se debilita, las observaciones desde el VLT están llegando a su fin. El registro orbital va en la misma dirección: la solución vigente del JPL, la JPL#54, se apoya en 782 observaciones y su arco de datos termina el 19 de febrero de 2026.

De este objeto concreto, por tanto, no habrá segundas oportunidades. ESO ya cuenta con que habrá más visitantes: su Telescopio Extremadamente Grande (ELT) permitirá medidas como esta en futuros objetos interestelares, incluidos los menos brillantes que 3I/ATLAS. Es el mismo observatorio que hace las cuentas a largo plazo del cielo que nos va quedando, como cuando calculó cuántos satélites aguanta el cielo nocturno.

Mientras tanto queda lo de siempre, que no es poco: el cielo del mes, con lo que sí está al alcance de unos prismáticos.