Este evento ya ha pasado. Esta máxima elongación de Mercurio ya ha pasado. Aquí tienes la guía del cielo del mes en curso.
El lunes 12 de octubre de 2026 Mercurio alcanzó su máxima elongación este: 25,2 grados de separación aparente respecto al Sol, la mayor que consiguió al atardecer en todo el año. El número es llamativo. Las cifras de altura, en cambio, pedían bajar las expectativas.
Desde Madrid, esa tarde Mercurio estaba a 7,9 grados sobre el horizonte cuando el Sol se ponía, y a 3,2 grados cuando el cielo empezaba de verdad a oscurecer. Se puso unos cincuenta minutos después que el Sol. Esa altura fue la más baja de las seis citas que Mercurio tiene en 2026, según nuestro cálculo con Skyfield y la efeméride DE421 del JPL.
Desde Canarias la historia fue otra: 7,8 grados con el cielo ya en penumbra, más del doble que en la península. Y esa tarde hubo una ayuda extra: una Luna finísima del 4,7 % se colocó a tres grados de Mercurio e hizo de señal.
¿Qué es una máxima elongación y por qué Mercurio nunca se aleja mucho del Sol?
Mercurio orbita por dentro de la órbita terrestre, igual que Venus. Desde aquí eso significa que no lo vemos nunca enfrente del Sol, como a Marte o a Saturno: asoma siempre pegado a él, un rato antes del amanecer o un rato después del atardecer. En todo 2026 Mercurio no llega a separarse del Sol más de 27,8 grados, según nuestro cálculo con Skyfield y la efeméride DE421 del JPL.
La elongación es exactamente ese ángulo de separación entre el planeta y el Sol vistos desde aquí, y así la define el propio JPL en la columna que publica Horizons. La máxima elongación es el momento en que ese ángulo llega a su tope y empieza a cerrarse.
Mercurio da una vuelta al Sol en 88 días, según los datos físicos que publica el sistema Horizons del JPL de la NASA. Por eso repite esta cita a menudo: en 2026 tiene seis máximas elongaciones, tres al atardecer y tres al amanecer. Y por eso mismo la ventana para verlo es corta: en pocas semanas hace todo el recorrido de ida y vuelta.
La de octubre fue la mayor de las tres vespertinas del año, pero no la mayor de todas: el 3 de abril de 2026 Mercurio llegó a 27,8 grados, y esa fue al amanecer.
Un detalle práctico que cambia el plan: el máximo no era una cita a la que se llegara tarde. La curva es tan plana que entre el 9 y el 15 de octubre la separación se mantiene por encima de 24,9 grados, o sea menos de un cuarto de grado por debajo del valor del día 12. Si el lunes 12 había nubes, el miércoles 14 servía igual.
Por qué 25 grados de separación se quedan en 3 grados de altura
Aquí está el nudo del asunto, y es puramente geométrico. La separación se mide sobre el cielo, en la línea que siguen el Sol y los planetas (la eclíptica). La altura se mide desde el horizonte. Cuánto de esa separación se convierte en altura depende de con qué inclinación corta la eclíptica el horizonte, y eso cambia mucho a lo largo del año.
La tarde del 12 de octubre, desde Madrid, la eclíptica cortaba el horizonte oeste con un ángulo de 27 grados; la tarde del 19 de febrero lo cortaba con 70. Con la eclíptica casi tumbada, la separación se gasta en recorrer horizonte en vez de en ganar altura: un punto de la eclíptica situado a 25 grados del Sol se quedaba a 10,5 grados de altura el 12 de octubre, mientras que en febrero el mismo punto estaría a 22,8. Son cálculos nuestros con Skyfield y DE421.
Y hay una segunda mordida, más pequeña pero en la misma dirección: Mercurio no va exactamente sobre la eclíptica. El 12 de octubre estaba 2,9 grados por debajo de ella. De los 10,5 grados teóricos se bajaba así a los 7,9 reales del momento del ocaso.
El resultado, cita por cita. Para cada máxima elongación de 2026 va la altura que alcanza Mercurio desde Madrid en el instante en que el Sol está 6 grados bajo el horizonte, que es cuando el cielo ya permite ver algo:
| Fecha del máximo | Separación del Sol | Lado | Altura desde Madrid con el Sol a 6° bajo el horizonte |
|---|---|---|---|
| 19 de febrero | 18,1° | Atardecer | 11,5° |
| 3 de abril | 27,8° | Amanecer | 4,7° |
| 15 de junio | 24,5° | Atardecer | 11,5° |
| 2 de agosto | 19,5° | Amanecer | 9,8° |
| 12 de octubre | 25,2° | Atardecer | 3,2° |
| 21 de noviembre | 19,6° | Amanecer | 12,3° |
Calculado con Skyfield (efeméride DE421 del JPL) para Madrid (40,4168° N; 3,7038° O), en hora peninsular. Alturas sin corregir por refracción atmosférica. Cómo calculamos.
La lectura es contraintuitiva y conviene decirla sin rodeos: la cita de octubre tuvo la segunda mayor separación del año y fue la peor de las seis para un observador de Madrid. La de febrero, con siete grados menos de separación, dejaba a Mercurio tres veces y media más alto. Es el mismo mecanismo que ya contamos en agosto con Venus, cuando su mayor separación del Sol al atardecer tampoco fue su mejor tarde.
¿A qué hora había que mirar el 12 de octubre?
La tarde del 12 se jugaba entre dos relojes que corrían en contra. El cielo se iba oscureciendo, lo cual ayudaba; Mercurio se iba hundiendo, lo cual no. Estas son las dos curvas, minuto a minuto, para Madrid y para Tenerife en la hora local de cada uno:
| Hora local | Sol en Madrid | Mercurio en Madrid | Sol en Tenerife | Mercurio en Tenerife |
|---|---|---|---|---|
| 19:20 | +2,8° | 10,7° | +3,6° | 16,2° |
| 19:30 | +1,0° | 9,2° | +1,4° | 14,4° |
| 19:40 | −0,9° | 7,6° | −0,8° | 12,5° |
| 19:50 | −2,8° | 6,0° | −3,0° | 10,5° |
| 20:00 | −4,7° | 4,3° | −5,2° | 8,6° |
| 20:10 | −6,6° | 2,7° | −7,4° | 6,6° |
| 20:20 | −8,5° | 1,0° | −9,5° | 4,6° |
| 20:30 | −10,4° | bajo el horizonte | −11,7° | 2,6° |
Calculado con Skyfield (efeméride DE421 del JPL) para Madrid (40,4168° N; 3,7038° O) y Tenerife (28,2916° N; 16,6291° O), cada uno en su hora local. Alturas sin corregir por refracción atmosférica. Cómo calculamos.
En Madrid la ventana útil fue de unos veinte minutos, entre las 19:50 y las 20:10 hora peninsular. Antes de las 19:50 el Sol acababa de ponerse y el cielo del oeste seguía encendido; después de las 20:10 Mercurio ya estaba por debajo de tres grados y se lo comía la bruma del horizonte. El Sol se puso a las 19:38 y Mercurio a las 20:28: entre uno y otro hubo unos cincuenta minutos, y la parte aprovechable fueron unos veinte.
Eso obligaba a una condición que no era negociable: hacía falta el horizonte oeste completamente despejado, sin edificios, sin árboles y sin una loma. A tres grados de altura, cualquier obstáculo a media distancia tapaba el planeta. Un mirador alto, la costa mirando al oeste o una llanura eran la diferencia entre verlo y no verlo.
¿Y desde Canarias?
Bastante mejor, y por una vez la diferencia fue grande. Desde Tenerife, Mercurio estaba a 12,6 grados de altura cuando se puso el Sol y todavía a 7,8 grados cuando el Sol llegó a 6 grados bajo el horizonte, a las 20:03 hora canaria. Se puso a las 20:45, 66 minutos después que el Sol, dieciséis minutos más de margen que en la península. La ventana recomendada allí fue de las 20:00 a las 20:25, hora canaria: a las 20:25 Mercurio todavía estaba a 3,6 grados, la altura que en Madrid ya se había perdido a las 20:10.
El motivo fue la latitud, y se puede poner en números: esa tarde la eclíptica cortaba el horizonte de Tenerife con 39 grados de inclinación, frente a los 27 de Madrid. Tenerife está doce grados más al sur, la eclíptica le caía más empinada y por eso convertía en altura una parte mayor de los mismos 25,2 grados de separación: el punto a 25 grados del Sol le quedaba a 15,0 grados de altura en el ocaso, y a Madrid a 10,5.
Las dos referencias de esta pieza son Madrid y Tenerife porque son las que calculamos siempre. Para tu ciudad, la herramienta de planetas de la casa dice si se ven esta noche y a qué hora. Un aviso para que no despiste: esa herramienta da por visible un planeta que esté a más de 10 grados de altura con el cielo ya oscuro, y aquella tarde Mercurio no llegó a esa marca ni desde Madrid (3,2 grados) ni desde Tenerife (7,8), así que la herramienta la daba por noche sin planeta. Las citas de Mercurio se juegan siempre por debajo de ese umbral: lo que hay que mirar es la ventana de minutos que da esta página.
La Luna hizo de señal esa misma tarde
Encontrar un punto a pocos grados del horizonte en un cielo todavía claro es difícil sin una referencia. El 12 de octubre hubo una, y era de las buenas: una Luna creciente iluminada solo al 4,7 % se colocó justo debajo de Mercurio.
Aquí conviene un aviso de precisión, porque los catálogos y esta página daban números distintos y los dos eran correctos. La separación geocéntrica, que es la que publican los almanaques, fue de 2,1 grados en el momento del ocaso madrileño. La que veía una persona desde Madrid fue de 3,0 grados, y desde Tenerife de 2,8. La diferencia es el paralaje de la Luna: está tan cerca que se proyecta en un sitio distinto del cielo según desde dónde se mire, y aquí eso estiró la pareja casi un grado entero. La cifra que servía para buscarla era la de tu sitio, no la del catálogo.
Cómo usarla, en Madrid: hacia las 19:50, había que mirar al oeste-suroeste, unos 239 grados de azimut. La Luna era un arco finísimo a 3,1 grados de altura, y Mercurio estaba justo tres grados por encima de ella, a 6,0. Convenía hacerlo pronto: la Luna se puso a las 20:12, o sea al final mismo de la ventana buena, y en los últimos minutos ya estaba rozando el horizonte. En Tenerife la Luna se puso a las 20:34 y iba más alta, así que sirvió de guía casi toda la ventana: a las 20:15 hora canaria estaba a 3,3 grados y a las 20:20 ya había bajado a 2,3, o sea que en los últimos diez minutos le pasó lo mismo que en Madrid y se hundió en la bruma del horizonte.
Es el mismo truco de la madrugada del 11 de agosto, cuando la Luna señaló a Mercurio antes del amanecer, con la diferencia de que entonces tocaba madrugar y esta vez bastaba con salir después de cenar.
Qué se veía de verdad, y con qué
Brillo no le faltaba. El 12 de octubre Mercurio estaba en magnitud 0,0, según JPL Horizons, y se mantuvo por debajo de magnitud 0,2 hasta el 19 de octubre. El problema de esa tarde no era el brillo: era que a tres grados sobre el horizonte su luz atraviesa muchísimo más aire que la de un astro alto, y además competía con un cielo que todavía no era negro.
Por eso, aunque en teoría es un objeto de a simple vista, en la práctica conviene barrer primero con prismáticos y pasar a los ojos una vez localizado. Unos 8×42 o 10×50 corrientes sobran, y en la guía de prismáticos de la casa está cuáles elegir según lo que vas a mirar.
Una advertencia de seguridad que va en serio: no barras el horizonte con prismáticos hasta que el Sol se haya puesto del todo. El 12 de octubre eso fue a las 19:38 en Madrid y a las 19:39 en Tenerife, y Mercurio estaba a solo 25 grados del Sol. La página de seguridad solar de la NASA lo dice sin matices: mirar cualquier parte del Sol brillante a través de unos prismáticos sin un filtro solar específico «causará de forma instantánea una lesión ocular grave».
Y una expectativa que había que ajustar: no se iba a ver un disco. El diámetro aparente máximo de Mercurio es de 11 segundos de arco, según los datos físicos de Horizons, y esa tarde se quedó en 6,7. Ni a simple vista ni con prismáticos deja de ser un punto. Un telescopio pequeño sí mostraba su fase, con el 61 % del disco iluminado esa tarde, pero a esa altura la turbulencia del aire lo emborronaba casi todo.
El resumen, en una tabla
| Dato | Madrid | Tenerife |
|---|---|---|
| Puesta de Sol el 12 de octubre | 19:38 | 19:39 |
| Ventana recomendada | 19:50 a 20:10 | 20:00 a 20:25 |
| Altura de Mercurio con el Sol a 6° bajo el horizonte | 3,2° | 7,8° |
| Dirección donde mirar | Oeste-suroeste | Oeste-suroeste |
| Puesta de Mercurio | 20:28 | 20:45 |
| Separación de la Luna esa tarde | 3,0° | 2,8° |
Horas en la hora local de cada lugar. Calculado con Skyfield (efeméride DE421 del JPL) para Madrid (40,4168° N; 3,7038° O) y Tenerife (28,2916° N; 16,6291° O). Alturas sin corregir por refracción atmosférica. Cómo calculamos.
La separación está calculada por partida doble y con dos efemérides distintas: nuestro Skyfield con la DE421 del JPL y el sistema Horizons del propio JPL con la DE441 dan los mismos 25,1567 grados antes de redondear. La magnitud viene directamente de Horizons.
Si el 12 se torcía, quedaba margen: hasta el 15 de octubre la separación seguía por encima de 24,9 grados y Mercurio se ponía unos 50 minutos después que el Sol en Madrid. A partir del 20 la caída se aceleraba: el 26 de octubre ya no llegaba ni a medio grado de altura con el Sol a 6 grados bajo el horizonte, y a efectos prácticos se fue. La siguiente cita es al amanecer, el 21 de noviembre, y ahí se invierte todo: con solo 19,6 grados de separación, Mercurio alcanza 12,3 grados de altura desde Madrid, la mejor postura de las seis del año. Para cualquier otro día, la herramienta de planetas dice qué planetas se ven desde tu ciudad, y lo que haya cada noche, mes a mes, va en la guía mensual para observar el cielo desde España.